Por qué “Hora de aventuras” mola tantísimo

Adventure time ha comenzado ya su quinta temporada y es ahora (sí, precisamente ahora) cuando vengo yo a recomendarles la serie. Decía mi abuela que nunca es tarde si la dicha es buena y he decidido creérmelo. Admito que en un principio era bastante reticente a darle una oportunidad a esta serie de animación. El estilo de dibujo entre caricaturesco y repulsivo me recordaba demasiado a Bob Esponja (que es el mal en la Tierra, como todos sabemos). Por suerte para mí, no podía estar más equivocada. Conmino a todo ser viviente dispuesto a disfrutar de una buena serie de animación a que le dé, como mínimo, el beneficio de la duda. Si no les gusta el primer capítulo, no importa. Vean un segundo e incluso un tercero. Y si han visto de cuatro a más y no acaban de pillarle el puntillo es que no tienen ustedes alma y merecen que Peppermint Butler se coma su carne mientras duermen.

Como está mal decir las cosas sin argumentarlas, a continuación voy a exponer la serie de razones por las que Hora de aventuras es tan increíble. Una vez más, no debe echarles atrás que la serie se emita en Cartoon Network ni que su protagonista tenga tan solo 13 años. Como suele suceder con las buenas series de animación de este tipo, Adventure Time cuenta con una gran cantidad de público adulto y sin duda a los diez años no me habría parecido ni la mitad de buena de lo que me resulta ahora.

El primer punto a favor de la serie (y los que me conozcan saben que a esto le doy mucha importancia) es que cuenta con un guión tremendamente sólido y coherente. En la cabeza de los guionistas estaba todo planeado desde el principio y no dejan sin atar ni un solo cabo. Hay intriga y la tensión se mantiene en su justa medida. Las incógnitas no se alargan hasta el infinito como suele suceder en muchas series y si aparece algo sospecho en el capítulo tercero es porque vamos a saber de qué se trata en el séptimo. Las pistas para ir descubriendo el universo de Hora de aventuras no se nos dan solamente a través de la trama, sino que también aparecen, por ejemplo, dibujadas en los fondos (verbigracia: aunque este dato quizá no sea muy relevante, en la Nochesfera hay un cuadro de Abraham Lincoln, el regente del planeta Marte, dándole la mano al padre de Marceline).

Los personajes están muy bien construidos y existen entre ellos fuertes tensiones dramáticas. Más que conocida es la historia entre Marceline y el Rey Hielo (y si no la sabes no sé qué haces si no estás cargando el primer episodio). Finn, el protagonista, es el último humano que queda en la tierra de Ooo. Desconoce sus orígenes y padece un terror irracional al océano. Jake, el perro mágico, hermano y compañero de Finn, revive de vez en cuando extraños traumas con su padre. Todos los personajes principales tienen excelentes backgrounds. Quizá de quien menos hayamos visto sea de Princess Bubblegum. Además contamos con secundarios carismáticos, como el enigmático e inquietante Peppermint Butler.

La ambientación y los conceptos son marcadamente originales. El mundo de Ooo es una nueva tierra surgida tras lo que se nos da a entender como una especie de apocalipsis nuclear. Hay vampiros, princesas, goblins, un reino habitado por gente de golosina, magos, científicos, animales parlantes y otros extraños seres, como los que habitan el Espacio Bultos.

El estilo de dibujo llama también la atención. Los dibujantes coquetean de vez en cuando con esa estética “feísta” característica de otras series de animación como Rem y Stimpy, Bob Espoja o Vaca y pollo, si bien es cierto que no se regodean tanto en las excrecencias e inmundicias. Por otro lado, se trata de un estilo sencillo, bastante cartoony y capaz de alcanzar inimaginables cotas de monería.

Las canciones son sin duda otro punto fuerte de la serie. Son pegadizas y divertidas. Muchos fans, además, están enamorados de la voz de Marceline, la Reina de los Vampiros, una joven alternativa a la que le encanta componer música.

Hora de aventuras cuenta con una ingente cantidad de humor absurdo. El humor absurdo puede que no sea del gusto de todos, pero lo cierto es que personajes como Gunter (hasta los nombres están puestos a propósito), el pingüino del Rey Hielo, o Lumpy Space Princess (también conocida como “LSP”) son bastante capaces de sacar una sonrisa a casi cualquiera. Por otro lado, esta gran dosis de humor ayuda a aliviar la carga dramática. No debemos olvidarnos de que al fin y al cabo hay niños también viéndola y bastante nos deprimiremos ya los adultos pensando en todo el horror y la carga emocional que hay de fondo.

La serie encaja en el formato de aventuras (de ahí, por supuesto, su título) y es en gran medida una historia épica. El propósito de Finn, que representa el ideal de la raza humana, es convertirse en un héroe. Quiere ayudar a la gente y se obsesiona con ser bueno y justo. Pero no lo acompañaremos solamente en su lucha contra el mal. También iremos descubriendo con él el Amor o lo que significa convertirse en adulto.

El amor tiene una gran importancia en la serie. Finn sufrirá y se alegrará por su causa y también es un leitmotiv del Rey Hielo, obsesionado con tener amigos y encontrar una princesa que lo quiera. En Adventure Time se tratan temas de relevancia como la locura, la guerra o el odio.

En definitiva, Hora de aventuras es una historia de amistad entre un niño y su perro como tantas otras, solo que desde un enfoque original. El compañerismo y la importancia de continuar luchando constituyen el mensaje principal de la serie.

Todos estos motivos hacen de esta una serie que merece la pena ver. Los capítulos duran apenas diez minutos y créanme cuando les digo que desde que le den la oportunidad, este show les cogerá por el cuello de la camisa y no les dejará despegarse de la pantalla.

 

Gotcha!

 

“Fahrenheit 451”: la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde.

Ray Bradbury falleció el 5 de junio a los 91 años. En Fahrenheit 451, Bradbury decía que todo hombre debe dejar algo en el mundo: un hijo, un libro, un cuadro… Algo que poseyera un toque personal y único, un sitio al que el alma pudiera regresar después de la muerte. Por eso pienso que la mejor forma de recordar a un escritor como él es hablando de uno de sus libros. En este caso, su novela Fahrenheit 451.

Fahrenheit 451 es la historia de un hombre que vive cercado por su propia ignorancia, la historia de un inconformismo que termina convirtiéndose en rebeldía.

Montag, el protagonista, es bombero. Según la guía, los bomberos se establecieron en 1790 para quemar los libros de influencia inglesa de las colonias. El primer bombero fue Benjamin Franklin. Ya nadie recuerda que en otro tiempo apagaban incendios. Ahora, el cuerpo de bomberos se dedica a quemar las casas en las que encuentran libros. Los hombres que pasean, que charlan, que se detienen, son sospechosos. Un ciudadano normal conduce a 160 kilómetros por hora, trabaja, pasa su tiempo viendo la televisión, canturrea el nuevo anuncio de Dentífrico Denham. Eso es lo que los hace felices. Ser feliz es lo más importante. Pensar es malo. La gente no necesita estar preocupada. En palabras del Capitán Beatty, los bomberos son los Guardianes de la Felicidad.

Sin duda lo más interesante de Fahrenheit es el planteamiento del autor, sus reflexiones acerca de una sociedad futura muy similar a la nuestra. La prosa está cuidada y el ritmo de la novela es bastante ágil. Algunos puntos flacos podrían ser que varios monólogos de los personajes no son del todo pertinentes, ya que se utilizan a modo de explicación, y que el final resulta un tanto apresurado. No obstante,  lo verdaderamente relevante es la crítica o, más bien, la advertencia que se nos hace acerca del futuro.

En la distopía de Ray Bradbury la sociedad está dominada por la apatía. Nadie quiere saber nada. La mayoría ha renunciado voluntariamente a la Filosofía, la Política, la Literatura. Buscan consuelo en el zumbido constante de las pantallas, en el discurso sin sentido de los presentadores de televisión. Los bombarderos que surcan el cielo no le importan a nadie. Nadie se hace preguntas. Los ciudadanos han elegido el camino más fácil. Sus vidas son cómodas. Sin embargo, no son felices. Los intentos de suicidio son tan comunes que los atienden meros operarios. Los jóvenes buscan diversión en el asesinato. Se trata de una sociedad enferma de banalidad y conformismo.

Fahrenheit nos habla del peligro del triunfo de la mediocridad y la uniformidad. “Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales. Entonces, todos son felices, porque no pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables”. La mayoría es una animal estúpido y bestial. “¡La terrible tiranía de la mayoría!”. Los pocos hombres sabios son descritos en el libro como una “extravagante minoría que clama en el desierto”. La ciudad representa esa realidad inventada en la que se vive, ese sueño de colores del que solo algunos, como Montag, consiguen despertar.

La tecnología es criticada solo por constituir el medio que permite mantener a los ciudadanos atrapados en esa telaraña de absurdos y trivialidades. El ocio de hombres y mujeres se ha plagado de películas vacías y vulgares, de espectáculos y retransmisiones deportivas. La vida hay que vivirla deprisa, moverse continuamente, de manera que nadie tenga tiempo para pensar. No hay tampoco lugar para el dolor. La muerte no se ve. No se llora por nadie. La única ‘familia’ es la familia que te habla directamente desde la pantalla, mientras permaneces sentado en tu “sala de estar”.

Lo más grave es que a este juego de ilusiones se han prestado todos de buena gana. Beatty, el Capitán de los Bomberos, dice que no hubo ninguna imposición ni censura por parte del Gobierno. A los ciudadanos simplemente hay que “darles la sensación de que piensan”. En el libro, una mujer se jacta de haber votado a un candidato a la presidencia, porque era guapo, mientras que el otro era feo y parecía desarreglado.

El fuego y su simbología van a jugar un papel importante a lo largo de la novela. Se utiliza para destruir, pero también para purificar (“Quemémoslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio”). El fuego incinera todo lo desagradable: los libros, los cadáveres. Pero también calienta y permite nuevos inicios. Además del número 451, en los uniformes de los bomberos luce la imagen de un fénix, ave mitológica a la que uno de los personajes se refiere de la siguiente manera: “Hubo un pajarraco llamado Fénix, mucho antes de Cristo. Cada pocos siglos encendía una hoguera y se quemaba en ella. Debía de ser primo hermano del Hombre. Pero, cada vez que se quemaba, resurgía de las cenizas, conseguía renacer. Y parece que nosotros hacemos lo mismo, una y otra vez, pero tenemos algo que el Fénix no tenía. Sabemos la maldita estupidez que acabamos de cometer”.

La pregunta fundamental es ¿por qué son los libros odiados? ¿Por qué son una amenaza? ¿Qué hay en ellos que los hace temibles? Los libros intentan unir los distintos aspectos del universo para formar un conjunto con sentido. Nos muestran “los poros de la vida”, sus detalles y claroscuros. Un televisor es ‘real’, inmediato, nos dice lo que debemos pensar sin darnos tiempo a responder. El libro podemos cerrarlo, decirle que espere, replicarle. “Los libros están para recordarnos lo tontos y estúpidos que somos”.

La sociedad de Fahrenheit es una sociedad sin cultura, sin historia, sin recuerdos. Una sociedad anestesiada y amnésica. Por eso, cuando la guerra termine con su adormecimiento, serán los hombres-libro los encargados de recordarles quiénes son.

Esta magnífica novela de Ray Bradbury nos impele a descorrer el velo del conformismo, a pensar, a separarnos de la mayoría, a evitar los espejismos de los mass media y a dudar y a hacernos preguntas constantemente. Como reza la cita de Juan Ramón Jiménez inserta al principio del libro: “Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado”.

De esta manera, si algún día hay una guerra civil y los gobiernos nos atontan con programas de televisión y los libros arden a 451 grados Fahrenheit, estaré preparada. Me transformaré en una mujer libro y siempre llevaré conmigo un pedazo de la novela de Ray Bradbury, por si algún día alguien, en algún lugar, la necesita.

También pueden leer esta reseña en la revista Hello Friki: http://hellofriki.com/literatura/libros/fahrenheit-451/resenya