Sin mensaje

Siete abejas rojas

tras la muerte del Rey;

durante la noche del vino

el llanto de un ciervo;

el brillo polvoriento de la luna

dentro de mi copa.

Doce veces sostuve en mis brazos

los hijos muertos de Teresa.

Me creció una gota de sangre en la frente

y los vates salieron desnudos

bajo el sol ciego del calendario juliano.

Los Guardianes cerraron las puertas

como si fueran pergaminos

y yo quedé al alba

sobre mi asiento de bronce,

esperando.