Poema “Todo esto no es cierto” en la revista Versados

La revista Versados ha publicado uno de mis poemas, titulado “Todo esto no es cierto”, en su número de diciembre. Pueden visitar la página o descargar la revista pinchando aquí. A continuación, mi poema.

 

TODO ESTO NO ES CIERTO

 

Las legañas del gato sobre el alféizar,

la arruga caliente sobre la sábana

y la saliva en el fondo del vaso.

Una vez dije “en este día grumoso”

y los ojos se murieron en sus cuencas.

Decidí dormir durante cincuenta y siete años

y desperté con una sinceridad cretense.

Sin embargo, seguías sin creer

el drama de las cerezas sobre el precipicio,

la soledad de la cáscara en las noches verdes.

No me dejes

No me dejes.

No puedo vivir

sin el roce

de tus caricias porosas.

Sin tu aleteo frágil.

Sin tu perfume

de bosque caído,

de estantería sucia,

de termita.

Qué haré.

Cuando me abandonen

tus palabras,

tu aliento de tinta.

Qué letanías

rellenarán mis noches.

No sabré

qué soñar.

Sin ti

solo me queda

un eco blanco

en el cráneo.

No me dejes.

No puedo vivir

sin el roce

de tus caricias porosas.

Sin tu aleteo frágil.

Sin tu perfume

de bosque caído,

de estantería sucia,

de termita.

Qué haré.

Cuando me abandonen

tus palabras,

tu aliento de tinta.

Qué letanías

rellenarán mis noches.

No sabré

qué soñar.

Sin ti

solo me queda

un eco blanco

en el cráneo.

No me dejes…

Sin mensaje

Siete abejas rojas

tras la muerte del Rey;

durante la noche del vino

el llanto de un ciervo;

el brillo polvoriento de la luna

dentro de mi copa.

Doce veces sostuve en mis brazos

los hijos muertos de Teresa.

Me creció una gota de sangre en la frente

y los vates salieron desnudos

bajo el sol ciego del calendario juliano.

Los Guardianes cerraron las puertas

como si fueran pergaminos

y yo quedé al alba

sobre mi asiento de bronce,

esperando.

Decían

Decían

que podía leer

las arrugas de los pétalos,

que en secreto

se afilaba los pezones,

que tenía el corazón

apretado como una manzana.

Decían

que se frotaba las axilas

con melaza y pan de otoño,

que solo comía

fotografías y huevos,

que se cortaba el cabello

con trozos de espejo gris.

Yo,

cuando la conocí,

solo me fijé

en las flores rojas

sobre sus muñecas.

Lista de la compra

Lista de la compra:

 

Dos cartones de leche

tersa y pálida,

una lechuga espesa

que ondee al viento,

dos melones erguidos,

virginales y dulces,

un par de aceitunas

que no me abandonen,

dos tiras encendidas

de pimiento enamorado,

medio kilo de carne picada,

redonda y palpitante,

todo el pan caliente

que sea capaz de llevarme,

veinte paquetes bondadosos

de pañuelos suaves.

Serpiente dorada

Entre el estrépito de los mechones rubios

encontré una serpiente dorada.

Lucía unos pendientes jázaros

y conocía las palabras hundidas de los atlantes.

En los atardeceres viejos

inventaba números

y decía que las frutas

le sabían a planeta.

Me regaló la semilla elástica

de su ojo izquierdo

antes de perderse nuevamente

en el bullicio soleado de la cabeza.

Piel de tambor

Amor,

me pones la piel de tambor

cuando me tumbas y ronroneas

bum bum bombón bum bum.

Siento hambre de hombre y de sombra,

de tus bembas de bombón.

Bum bum bombón bum bum.

Tus manos umbrosas me cimbrean,

me camban, me comban, me abomban.

Bum bum bombón bum bum.

El borboteo de tu saliva

se me derrama en las orejas.

Bum bum bombón bum bum.

Cae bramando la tromba de tus dedos

hacia el timbre entre mis muslos.

Bum bum bombón bum bum.

Encumbro tarumba tu nombre,

se escapa el ámbar de mi cuerpo.

Bum bum bombón bum bum.