Tetas y videojuegos

Seguro que a nadie le extraña que escriba una entrada sobre tetas. Las tetas, al fin y al cabo, son materia de interés para una gran parte de la humanidad. Sin embargo, puede resultarles más singular la combinación entre tetas (pechos, mamas, senos, busto, peras) y videojuegos. Por consiguiente, pienso que quizá merezcan una explicación.

El principal motivo por el que escribo esta entrada es para ver si consigo chinchar a alguien. Pero de paso voy a intentar hablar de algunos otros temas. Aunque tomaré ejemplos de videojuegos, lo cierto es que con este artículo también voy a referirme al cine y a la literatura. De este modo, y para entendernos, lo aquí dicho sobre las tetas y los videojuegos puede aplicarse a las tetas y cualquier otra cosa.

Puede que muchos de ustedes ya estén familiarizados con la polémica de Anita Sarkeesian. Yo no voy a hablar aquí sobre ella y si alguien está interesado siempre tiene la opción de googlearlo. Básicamente, y para resumir, esta mujer se queja de que la mayoría de los videojuegos son machistas porque los personajes femeninos sufren, por expresarlo de alguna manera, una “sexualización sistemática”. Es decir, que son personajes estereotípicos: la mujer putilla, la lolita, la dama en apuros. En fin, nada con lo que no estemos familiarizados. Sarkeesian tiene su parte de razón y no voy a ser yo quien se la quite. No obstante, su postura es exacerbada.

Desgraciadamente, las “feministas” dicen muchas tonterías. Y lo pongo entre comillas porque a día de hoy, a pesar de la definición de la RAE (“doctrina social favorable a la mujer a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres; movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres), no sé qué es una feminista ni cuáles son exactamente los valores que defiende. Es normal que mi inquietud crezca ante este término cuando las mayores patrañas y sandeces sobre las féminas las he escuchado en bocas de mujeres y hombres que se autodefinen como feministas.

Así pues, demos comienzo a esta malévola lista de agravios.

Una de las primeras simplezas (o repampanochas) que podemos escuchar al abordar este tema es que “los videojuegos no son —o peor, no ‘están hechos’— para mujeres”. No voy a meterme en estadísticas de cuántas mujeres juegan a los videojuegos ni me voy a poner a hacer matices de que solo nos gustan el Tetris y el Pet Society. A continuación voy a exponer una apreciación personal. De pequeña, cuando jugaba con mi Sega y mi Game Boy, jamás tuve la impresión de que los videojuegos eran solo para los niños. Sí que me rondaba la noción de que los coches eran solo para los niños. De esa sí me acuerdo.  Me aventuro, pues, a pensar que esa apreciación de que “los videojuegos son para hombres” proviene de la edad adulta. Conozco a pocas personas (hombres y mujeres) de 40 años que jueguen a los videojuegos. Y es verdad que al llegar a los 30, conozco a muchos más hombres que mujeres que juegan a los videojuegos (y todo esto teniendo en cuenta que mi muestra puede no ser para nada representativa). Incluso en la veintena podría decir lo mismo. Eso sí, no conozco a más niños que niñas que jueguen. Mi primito y mi primita se pelean por la Wii con la misma saña. Puede ser que los videojuegos todavía estén considerados (muy erróneamente) una ‘actividad infantil’. Sucede con todo tipo de juegos y con los juguetes en general, como si los adultos no tuviéramos derecho a divertirnos. Si esto es así, puede que los hombres continúen jugando cuando las mujeres lo han dejado porque “han tenido menos prisa en incorporarse al mundo adulto”. Y entiéndanme bien. Está mal tener prisa por incorporarse al mundo adulto (tener prisas no es algo bueno). Imagínense a esa niña de 11 años que intenta vestirse como Britney Spears y que se pasa el día pintándose las uñas para ver si se echa un novio de 15 que esté a su altura, porque los de su clase todavía juegan a los tazos. Eso es a lo que más o menos me refiero. Claro que no todas las niñas son así, pero es un estereotipo al que muchas jovencitas intentan amoldarse. Y si no que me expliquen a qué tanta Hannah Montana. Por otro lado, además de considerar los videojuegos como “algo de niños”, la diferencia generacional puede ser importante. Una mujer de 30 y muchos puede que nunca tuviera un acercamiento a los videojuegos cuando era pequeña como sí lo tuve yo. Seguramente los hombres de 30 y muchos no se criaron jugando a las consolas, sino que realizaron un acercamiento posterior. Evidentemente, habrá multitud de casos que me contradigan, pero pienso que podría acertar con estas dos apreciaciones generalizadas.

A raíz de la primera pamplina (“los videojuegos no son/están hechos para mujeres”), surge la también notable estupidez de “vamos a hacer videojuegos para mujeres”. Y lo peor de todo es que esto ha salpicado también a las inocentes niñitas, que han tenido que vivir el fenómeno del Cooking Mama: videojuegos “para niñas” que, por supuesto, van sobre ser mamá, cocinar, ir de tiendas o maquillarse. Cuando yo era pequeña no existía la aberración de “los videojuegos para niñas”. Y aún así, hay que matizar. El problema no está en que hagan un Cooking Mama. Habrá a quien le guste. El problema está en que digan lo siguiente:

1) que los Cooking Mama son solamente para las niñas. ¿Es que nadie piensa en los niños que quieren jugar a las cocinitas?

2) que las niñas únicamente pueden jugar a juegos especiales para ellas, como el Cooking Mama. Todos los demás no son aptos, así que pueden ir olvidándose de jugar al Fifa por mucho que quieran.

Lo mismo puede aplicarse en el caso de las mujeres adultas. ¿Qué es eso de “videojuegos para mujeres”? ¿Por qué no pueden gustarnos los videojuegos normales? ¿Y qué es lo que se supone que nos gusta a las mujeres? ¿Ir de compras? ¿Y si a mí me aburre mortalmente ir de compras? ¿Entonces ya no soy una mujer? Porque al menos eso es lo que me dan a entender.

Otra cosa distinta es que muchos videojuegos estén protagonizados por hombres en lugar de por mujeres (cosa que ha ido cambiando). La mayor parte de los libros que leía también estaban protagonizados por hombres y eso no me hacía pensar que la literatura no fuese para mí. En los libros también hay figuras femeninas pobres, secundarias o estereotipadas (hola Hemingway) pero eso nunca me dio a entender que no pudiera leer libros yo también, o que tuvieran que hacer libros especiales que yo, como mujer, pudiera leer. El hecho de que los protagonistas sean masculinos no excluye a la mujer, al menos no como jugadora. Sin embargo, considero positivo que se estén incluyendo cada vez más protagonistas femeninas (muchos videojuegos dan incluso la opción de elegir el sexo). A mí suele resultarme más fácil identificarme con una protagonista femenina. Quizás por eso dos de mis videojuegos favoritos (de los que marcaron mi pubertad) tienen como protagonistas a dos mujeres. Uno de ellos es la aventura gráfica para PC The Longest Journey y el otro es (sí) Tomb Raider.

Creo que Tomb Raider es precisamente uno de los videojuegos más vilipendiados por los “gamers feministas”. Y todo porque la pobre mujer tiene los pechos grandes y lleva pantalón corto. En la última versión, de hecho, han conseguido alargárselo.

Evolución de Lara Croft

¿Por qué es “machista” Tomb Raider? Yo jugaba a Tomb Raider cuando todavía no había sido expuesta al discurso feminista alrededor de este juego y es así como lo veía: Lara Croft era “súper guay”. Era una mujer independiente que sabía pelear, disparar y trepar. Además era arqueóloga y muy lista, porque resolvía misterios y encontraba tesoros. Sin mencionar que tenía una pedazo de mansión y un mayordomo. ¿A qué mujer no le gustaría ser todas esas cosas? Nunca me pareció relevante el hecho de que fuera en camiseta de tiros y pantalón corto. Jamás me importó ni cambió la percepción que tenía del personaje. Poco me paraba a pensar si era guapa (supongo que, al fin y al cabo, nunca me atrajeron mucho las tetas).

Por supuesto, podrían haber diseñado a Lara Croft de otra forma. Podría haber sido delgada y sin pecho. Podría haber ido vestida con un mono azul. Si hubiera sido bajita y gorda me habría parecido menos creíble, claro. El caso es que admito que no es necesario que Lara Croft tenga un busto tan generoso, pero (y he aquí la cuestión) tampoco sucede nada porque tenga los pechos así. ¿Mejoraría acaso el personaje de Lara Croft si la sometemos a una reducción de mamas? Lara es mucho más que unos pechos y nos lo había demostrado en todas sus aventuras.

Obviamente, la figura de Lara Croft resulta atractiva. El sexo vende. ¿Cuántas actrices feas protagonizan las películas taquilleras de Hollywood? El sexo vende y es fácil (“me lo quitan de las manos”, vaya). Es muy sencillo utilizarlo como gancho, tal y como yo he hecho al poner título a esta entrada. La publicidad está llena de sexo. Las películas lo están. La literatura lo está. Se debe a que el sexo nos gusta a todos, y eso está bien. A las mujeres también nos gusta el sexo. Por eso me molesta tremendamente que los hombres crean que hay que convencernos para tener sexo, generando intrincadas técnicas de ligoteo. Nada demuestra mejor que las mujeres están hambrientas de sexo como el reciente éxito de la saga 50 sombras de Grey (sin entrar a discutir la calidad literaria de dicha obra). Sexo en Nueva York también se nutre de esas ganas de las mujeres de consumir sexo (sin entrar en la contradictoria y nefasta visión, supuestamente “feminista”, que da la serie sobre la mujer). Continuando con el mundo de los videojuegos, incluso podría alegar que Kratos está buenísimo a pesar de su calvicie y que también va en paños menores. ¿Los hombres se sienten ofendidos si digo eso? Si la respuesta es no, ¿por qué las mujeres tendríamos que ofendernos cuando alguien expresa que Lara Croft está de buen ver? Me niego a hablar de envidia entre nosotras, porque eso no sería más que asentar otro estereotipo sobre las mujeres.

Es cierto que tanto en los videojuegos como en el cine suele “sexualizarse” más el cuerpo femenino. Los señores de sombrero de copa están empezando a darse cuenta ahora de que a las mujeres también les gusta el sexo y de que también quieren cuerpos de tíos buenorros. Como Thor, por ejemplo. O el Kahl Drogo.

Otra cuestión es que Thor, además de ser un tipo muy guapo, sea un personaje interesante. No es incompatible, pero a menudo no es una combinación que encontremos ni en la gran pantalla ni en los videojuegos. Obviamente, a Lara Croft deshacerse del escote o convertirse en una chica fea no la va a volver ni más inteligente ni más profunda. Entonces, ¿por qué los personajes no son interesantes? ¿Por qué son tan planos? La respuesta es sencilla y triste. Los videojuegos están mal escritos. Los personajes están mal construidos. Es mucho menos complicado hacer a un personaje “sexy” o coger a un actor guapo que sentar a un par de escritores a una mesa a pensar en trasfondos e historias interesantes para los personajes. Quién sabe. Tal vez es un esfuerzo que a los hacedores de videojuegos, películas y libros (de los del montón) simplemente no les vale la pena porque saben que van a vender igualmente con el mero hecho de que sus personajes sean atractivos y digan un par de frases carismáticas, aunque en el fondo estén más vacíos que la Universidad un viernes.

Los personajes masculinos de los videojuegos también están mal escritos y son estereotípicos. La relativamente joven industria del videojuego aún tiene mucho que aprender del cine y la literatura, disciplinas en las que podemos encontrar más calidad con mayor frecuencia. La pregunta en todo caso sería si escribir personajes femeninos es más difícil que escribir personajes masculinos. Debido a los roles tradicionales de los que al parecer aún estamos intentando deshacernos, la figura de la mujer está cargada quizás de más prejuicios (si bien tal vez podrían resumirse en “madre” y “puta”). La solución a esto será siempre la misma. Escoge a un buen escritor para tu videojuego, peli o lo que sea. Un buen escritor debería saber construir los personajes femeninos tan bien como los masculinos. O los transgéneros, si nos ponemos quisquillosos.

Desde este humilde blog pido un poco de comprensión para Lara Croft, que solo ha tenido la maldición de nacer rica, lista y guapa. Por mí, puede seguir teniendo los pechos igual de grandes.

Esta es April Ryan, la protagonista de The Longest Journey
Esta es April Ryan, la protagonista de The Longest Journey

Niño, deja eso y ponte a hacer deberes

A nadie se le escapa que los niños, hoy, tienen al alcance un montón de cosas divertidísimas para pasar el rato, como los videojuegos, Internet y la televisión, con sus infinitos canales. Generalmente, esto a los padres les parece muy pero que muy mal. Sus hijos deberían ser más conscientes e invertir su tiempo en hacer los deberes y asistir a clases extraescolares, porque, ya se sabe, cada vez hay que tener un nivel más alto de educación (en realidad, lo correcto sería decir ‘más títulos’) si se quiere ser alguien en la vida.

Tengo la oportunidad de escuchar hablar a muchos padres acerca de sus hijos y de cómo les va en el colegio. Me asombra y me repugna casi en el mismo porcentaje. Están obsesionados con los logros académicos de sus hijos. Los meten en clases particulares, aunque no haga falta. Compiten por ver quién es el más listo, quién es el mejor de la clase en matemáticas, si Ricardito o Martita. Se pavonean si le dicen que su hijo es casi superdotado. Se hunden y se enfurecen si su hijo ‘tiene problemas de aprendizaje’.

Siendo este el panorama, es lógico que se enfaden cuando sus hijos no hacen los deberes. Es normal que les apaguen la tele, les escondan la consola. Está perdiendo el tiempo. Que se ponga a estudiar. Y cuando termine con la tarea, que siga estudiando para el día del examen, para la evaluación final, para la PAU, para sacarse la carrera. ¡Que estudie hasta la muerte! No importa que estudiar sea aburrido, que el sistema educativo sea una basura, que la mayoría de los profesores no sepan enseñar. Lidia con todo eso, niño. Combate el aburrimiento mortal con el que te atizan durante ocho horas en el colegio, el instituto, la universidad.

De pequeña me gustaba más dibujar brujas que hacer los deberes, entre otras cosas.

Por supuesto, hay algunos padres más compasivos. Por Navidad regalan a sus hijos puzles y “juegos educativos”, para que el niño aprenda jugando en dichoso solaz. ¿Qué han hecho los pobres niños para merecer un ‘juego educativo’? Póngale carbón, señor padre, será más feliz, por lo menos podrá tirárselo a alguien a la cabeza. Los juegos didácticos son un engaño y el niño se da cuenta. Se trata de juegos que no son para jugar. En cuanto se percata de que la finalidad del juego no es el juego en sí mismo, sino aprender, el juego deja de ser un juego y se convierte en un embuste. Se pierde el interés por él. Es lo mismo por lo que la literatura didáctica del siglo XVIII me parece un bodrio. Deberíamos abandonar nuestra manía por el utilitarismo y adoptar una postura, parafraseando a Gautier, de juego por el juego.

No hay que preocuparse tanto porque los niños aprendan. Ya lo hacen, todo el tiempo. El problema es que quizás no están aprendiendo lo que el sistema considera que deben aprender, es decir, los conocimientos académicos que las instituciones públicas requieren y consideran necesarios. Sin embargo, ahí está la clave. El problema no es de los estudiantes, es de las escuelas, de la educación pública. Me indigna no solo porque no arreglen la situación, sino porque además hacen que los niños se sientan frustrados, estresados y culpables, porque están continuamente repitiéndoles que el problema lo tienen ellos, porque son tontos, indisciplinados y no valen para nada.

Eso es lo que realmente me molesta. Dejemos de engañarnos y de hacer sufrir a los estudiantes sin necesidad. Tener una carrera ni los vuelve más inteligentes ni les va a dar trabajo. Querido padre, sé que te preocupas, pero deja de meter a tu hijo en actividades extra-escolares. Lleve usted a su hijo al parque si le gusta el parque. Llévelo al cine si le gusta ir al cine. Se lo agradecerá. Una cosa es que el niño aprenda a tener responsabilidades. Eso está bien. Otra muy distinta es que lo agobie usted, sabiendo el sinsentido que supone hoy en día la educación tal como está concebida. Solo conseguirá dos cosas:

1)      Que su hijo odie estudiar.

2)      Que su hijo le odie a usted.

Por lo menos piense en ello.