Fidelidad

Adela se tambaleaba constantemente porque se sentía inclinada hacia dos hombres distintos. Los días impares la llevaban a los brazos de A, su amante, por el que sentía devoción. Los días pares la conducían al lecho de Y, su marido, acuciada por el deber marital. Como no quería faltar el respeto a ninguno de los dos en la cama, se prometió que siempre gritaría el nombre de ambos cuando hiciera el amor. Así, cuando sudaba sobre el cuerpo del amante, gritaba AY, AY y cuando temblaba bajo el peso del marido gritaba YA, YA.

Grito de mujer

Fuiste

fantasma de todas las fotografías,

laberinto de encajes,

mirada a través del espejo,

cuerpo de leche y pan,

mentira en la pluma rosada

de un dorado presidente.

Fuiste

desnudez roja

bajo la luna furiosa,

carne de serpiente,

lengua de manzana,

labios de mármol,

sirena enmudecida.

Tus manos

fueron

cornucopia,

bálsamo celeste,

hierba de medianoche.

Fuiste

grito de almohada,

grito de caldero,

grito a través del barro

y de la sangre.

Grito de mujer.

 

Mujer-manzanas
Dibujo realizado por Desirée Jiménez

Tetas y videojuegos

Seguro que a nadie le extraña que escriba una entrada sobre tetas. Las tetas, al fin y al cabo, son materia de interés para una gran parte de la humanidad. Sin embargo, puede resultarles más singular la combinación entre tetas (pechos, mamas, senos, busto, peras) y videojuegos. Por consiguiente, pienso que quizá merezcan una explicación.

El principal motivo por el que escribo esta entrada es para ver si consigo chinchar a alguien. Pero de paso voy a intentar hablar de algunos otros temas. Aunque tomaré ejemplos de videojuegos, lo cierto es que con este artículo también voy a referirme al cine y a la literatura. De este modo, y para entendernos, lo aquí dicho sobre las tetas y los videojuegos puede aplicarse a las tetas y cualquier otra cosa.

Puede que muchos de ustedes ya estén familiarizados con la polémica de Anita Sarkeesian. Yo no voy a hablar aquí sobre ella y si alguien está interesado siempre tiene la opción de googlearlo. Básicamente, y para resumir, esta mujer se queja de que la mayoría de los videojuegos son machistas porque los personajes femeninos sufren, por expresarlo de alguna manera, una “sexualización sistemática”. Es decir, que son personajes estereotípicos: la mujer putilla, la lolita, la dama en apuros. En fin, nada con lo que no estemos familiarizados. Sarkeesian tiene su parte de razón y no voy a ser yo quien se la quite. No obstante, su postura es exacerbada.

Desgraciadamente, las “feministas” dicen muchas tonterías. Y lo pongo entre comillas porque a día de hoy, a pesar de la definición de la RAE (“doctrina social favorable a la mujer a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres; movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres), no sé qué es una feminista ni cuáles son exactamente los valores que defiende. Es normal que mi inquietud crezca ante este término cuando las mayores patrañas y sandeces sobre las féminas las he escuchado en bocas de mujeres y hombres que se autodefinen como feministas.

Así pues, demos comienzo a esta malévola lista de agravios.

Una de las primeras simplezas (o repampanochas) que podemos escuchar al abordar este tema es que “los videojuegos no son —o peor, no ‘están hechos’— para mujeres”. No voy a meterme en estadísticas de cuántas mujeres juegan a los videojuegos ni me voy a poner a hacer matices de que solo nos gustan el Tetris y el Pet Society. A continuación voy a exponer una apreciación personal. De pequeña, cuando jugaba con mi Sega y mi Game Boy, jamás tuve la impresión de que los videojuegos eran solo para los niños. Sí que me rondaba la noción de que los coches eran solo para los niños. De esa sí me acuerdo.  Me aventuro, pues, a pensar que esa apreciación de que “los videojuegos son para hombres” proviene de la edad adulta. Conozco a pocas personas (hombres y mujeres) de 40 años que jueguen a los videojuegos. Y es verdad que al llegar a los 30, conozco a muchos más hombres que mujeres que juegan a los videojuegos (y todo esto teniendo en cuenta que mi muestra puede no ser para nada representativa). Incluso en la veintena podría decir lo mismo. Eso sí, no conozco a más niños que niñas que jueguen. Mi primito y mi primita se pelean por la Wii con la misma saña. Puede ser que los videojuegos todavía estén considerados (muy erróneamente) una ‘actividad infantil’. Sucede con todo tipo de juegos y con los juguetes en general, como si los adultos no tuviéramos derecho a divertirnos. Si esto es así, puede que los hombres continúen jugando cuando las mujeres lo han dejado porque “han tenido menos prisa en incorporarse al mundo adulto”. Y entiéndanme bien. Está mal tener prisa por incorporarse al mundo adulto (tener prisas no es algo bueno). Imagínense a esa niña de 11 años que intenta vestirse como Britney Spears y que se pasa el día pintándose las uñas para ver si se echa un novio de 15 que esté a su altura, porque los de su clase todavía juegan a los tazos. Eso es a lo que más o menos me refiero. Claro que no todas las niñas son así, pero es un estereotipo al que muchas jovencitas intentan amoldarse. Y si no que me expliquen a qué tanta Hannah Montana. Por otro lado, además de considerar los videojuegos como “algo de niños”, la diferencia generacional puede ser importante. Una mujer de 30 y muchos puede que nunca tuviera un acercamiento a los videojuegos cuando era pequeña como sí lo tuve yo. Seguramente los hombres de 30 y muchos no se criaron jugando a las consolas, sino que realizaron un acercamiento posterior. Evidentemente, habrá multitud de casos que me contradigan, pero pienso que podría acertar con estas dos apreciaciones generalizadas.

A raíz de la primera pamplina (“los videojuegos no son/están hechos para mujeres”), surge la también notable estupidez de “vamos a hacer videojuegos para mujeres”. Y lo peor de todo es que esto ha salpicado también a las inocentes niñitas, que han tenido que vivir el fenómeno del Cooking Mama: videojuegos “para niñas” que, por supuesto, van sobre ser mamá, cocinar, ir de tiendas o maquillarse. Cuando yo era pequeña no existía la aberración de “los videojuegos para niñas”. Y aún así, hay que matizar. El problema no está en que hagan un Cooking Mama. Habrá a quien le guste. El problema está en que digan lo siguiente:

1) que los Cooking Mama son solamente para las niñas. ¿Es que nadie piensa en los niños que quieren jugar a las cocinitas?

2) que las niñas únicamente pueden jugar a juegos especiales para ellas, como el Cooking Mama. Todos los demás no son aptos, así que pueden ir olvidándose de jugar al Fifa por mucho que quieran.

Lo mismo puede aplicarse en el caso de las mujeres adultas. ¿Qué es eso de “videojuegos para mujeres”? ¿Por qué no pueden gustarnos los videojuegos normales? ¿Y qué es lo que se supone que nos gusta a las mujeres? ¿Ir de compras? ¿Y si a mí me aburre mortalmente ir de compras? ¿Entonces ya no soy una mujer? Porque al menos eso es lo que me dan a entender.

Otra cosa distinta es que muchos videojuegos estén protagonizados por hombres en lugar de por mujeres (cosa que ha ido cambiando). La mayor parte de los libros que leía también estaban protagonizados por hombres y eso no me hacía pensar que la literatura no fuese para mí. En los libros también hay figuras femeninas pobres, secundarias o estereotipadas (hola Hemingway) pero eso nunca me dio a entender que no pudiera leer libros yo también, o que tuvieran que hacer libros especiales que yo, como mujer, pudiera leer. El hecho de que los protagonistas sean masculinos no excluye a la mujer, al menos no como jugadora. Sin embargo, considero positivo que se estén incluyendo cada vez más protagonistas femeninas (muchos videojuegos dan incluso la opción de elegir el sexo). A mí suele resultarme más fácil identificarme con una protagonista femenina. Quizás por eso dos de mis videojuegos favoritos (de los que marcaron mi pubertad) tienen como protagonistas a dos mujeres. Uno de ellos es la aventura gráfica para PC The Longest Journey y el otro es (sí) Tomb Raider.

Creo que Tomb Raider es precisamente uno de los videojuegos más vilipendiados por los “gamers feministas”. Y todo porque la pobre mujer tiene los pechos grandes y lleva pantalón corto. En la última versión, de hecho, han conseguido alargárselo.

Evolución de Lara Croft

¿Por qué es “machista” Tomb Raider? Yo jugaba a Tomb Raider cuando todavía no había sido expuesta al discurso feminista alrededor de este juego y es así como lo veía: Lara Croft era “súper guay”. Era una mujer independiente que sabía pelear, disparar y trepar. Además era arqueóloga y muy lista, porque resolvía misterios y encontraba tesoros. Sin mencionar que tenía una pedazo de mansión y un mayordomo. ¿A qué mujer no le gustaría ser todas esas cosas? Nunca me pareció relevante el hecho de que fuera en camiseta de tiros y pantalón corto. Jamás me importó ni cambió la percepción que tenía del personaje. Poco me paraba a pensar si era guapa (supongo que, al fin y al cabo, nunca me atrajeron mucho las tetas).

Por supuesto, podrían haber diseñado a Lara Croft de otra forma. Podría haber sido delgada y sin pecho. Podría haber ido vestida con un mono azul. Si hubiera sido bajita y gorda me habría parecido menos creíble, claro. El caso es que admito que no es necesario que Lara Croft tenga un busto tan generoso, pero (y he aquí la cuestión) tampoco sucede nada porque tenga los pechos así. ¿Mejoraría acaso el personaje de Lara Croft si la sometemos a una reducción de mamas? Lara es mucho más que unos pechos y nos lo había demostrado en todas sus aventuras.

Obviamente, la figura de Lara Croft resulta atractiva. El sexo vende. ¿Cuántas actrices feas protagonizan las películas taquilleras de Hollywood? El sexo vende y es fácil (“me lo quitan de las manos”, vaya). Es muy sencillo utilizarlo como gancho, tal y como yo he hecho al poner título a esta entrada. La publicidad está llena de sexo. Las películas lo están. La literatura lo está. Se debe a que el sexo nos gusta a todos, y eso está bien. A las mujeres también nos gusta el sexo. Por eso me molesta tremendamente que los hombres crean que hay que convencernos para tener sexo, generando intrincadas técnicas de ligoteo. Nada demuestra mejor que las mujeres están hambrientas de sexo como el reciente éxito de la saga 50 sombras de Grey (sin entrar a discutir la calidad literaria de dicha obra). Sexo en Nueva York también se nutre de esas ganas de las mujeres de consumir sexo (sin entrar en la contradictoria y nefasta visión, supuestamente “feminista”, que da la serie sobre la mujer). Continuando con el mundo de los videojuegos, incluso podría alegar que Kratos está buenísimo a pesar de su calvicie y que también va en paños menores. ¿Los hombres se sienten ofendidos si digo eso? Si la respuesta es no, ¿por qué las mujeres tendríamos que ofendernos cuando alguien expresa que Lara Croft está de buen ver? Me niego a hablar de envidia entre nosotras, porque eso no sería más que asentar otro estereotipo sobre las mujeres.

Es cierto que tanto en los videojuegos como en el cine suele “sexualizarse” más el cuerpo femenino. Los señores de sombrero de copa están empezando a darse cuenta ahora de que a las mujeres también les gusta el sexo y de que también quieren cuerpos de tíos buenorros. Como Thor, por ejemplo. O el Kahl Drogo.

Otra cuestión es que Thor, además de ser un tipo muy guapo, sea un personaje interesante. No es incompatible, pero a menudo no es una combinación que encontremos ni en la gran pantalla ni en los videojuegos. Obviamente, a Lara Croft deshacerse del escote o convertirse en una chica fea no la va a volver ni más inteligente ni más profunda. Entonces, ¿por qué los personajes no son interesantes? ¿Por qué son tan planos? La respuesta es sencilla y triste. Los videojuegos están mal escritos. Los personajes están mal construidos. Es mucho menos complicado hacer a un personaje “sexy” o coger a un actor guapo que sentar a un par de escritores a una mesa a pensar en trasfondos e historias interesantes para los personajes. Quién sabe. Tal vez es un esfuerzo que a los hacedores de videojuegos, películas y libros (de los del montón) simplemente no les vale la pena porque saben que van a vender igualmente con el mero hecho de que sus personajes sean atractivos y digan un par de frases carismáticas, aunque en el fondo estén más vacíos que la Universidad un viernes.

Los personajes masculinos de los videojuegos también están mal escritos y son estereotípicos. La relativamente joven industria del videojuego aún tiene mucho que aprender del cine y la literatura, disciplinas en las que podemos encontrar más calidad con mayor frecuencia. La pregunta en todo caso sería si escribir personajes femeninos es más difícil que escribir personajes masculinos. Debido a los roles tradicionales de los que al parecer aún estamos intentando deshacernos, la figura de la mujer está cargada quizás de más prejuicios (si bien tal vez podrían resumirse en “madre” y “puta”). La solución a esto será siempre la misma. Escoge a un buen escritor para tu videojuego, peli o lo que sea. Un buen escritor debería saber construir los personajes femeninos tan bien como los masculinos. O los transgéneros, si nos ponemos quisquillosos.

Desde este humilde blog pido un poco de comprensión para Lara Croft, que solo ha tenido la maldición de nacer rica, lista y guapa. Por mí, puede seguir teniendo los pechos igual de grandes.

Esta es April Ryan, la protagonista de The Longest Journey
Esta es April Ryan, la protagonista de The Longest Journey

Cómo hacer rodar un cortometraje III: el resultado final

Por fin está aquí el resultado final de más de un mes de trabajo, no solo mío sino de todos los que han colaborado en este cortometraje. Agradezco de corazón a todo el equipo lo mucho que me han ayudado y lo mucho que me han enseñado. Ha sido una primera experiencia muy enriquecedora. Sé que hay fallos que no volveré a cometer y aciertos que intentaré repetir. En general, me quedo satisfecha de este primer trabajo, teniendo en cuenta la poca experiencia y los medios limitados con los que contábamos.

Muchas gracias al equipo por conseguir sacarme esta historia de la cabeza.

Sin más, aquí está el cortometraje, para que puedan juzgar por ustedes mismos.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=7LqRxNCJVFs&feature=plcp]

Por último, un poco de material adicional.

La mujer pensada vs. la mujer pensante

El mundo estuvo pensado por hombres para hombres, desde más o menos la muerte de los dinosaurios en adelante. Nunca se ha podido demostrar que existiera un matriarcado en ninguna cultura del planeta Tierra (al menos de matriarcado entendido como dominio de las mujeres sobre los hombres). Hoy la situación de la mujer en este nuestro Occidente parece ser razonablemente más igualitaria.

¿Qué ha liberado a la mujer? ¿Las sufragistas del XIX, la II Guerra Mundial, los anticonceptivos? Quizás lo que hay que preguntarse es si la mujer está verdaderamente liberada o el feminismo es solo marketing. Pienso que es una dura tarea separarse completamente de la corriente de pensamiento machista que parte desde la Antigüedad hasta nuestros días. No debemos olvidar que esto de la igualdad es algo relativamente reciente. Echemos un vistazo a nuestros amigos los filósofos.

Ni Platón ni Aristóteles tenían una opinión favorable hacia el sexo femenino, pese a que el primero incluyese a las mujeres como posibles ‘guardianes’ en su sociedad de La República. Aristóteles, en su Política defiende que es la naturaleza la que hace a unos seres para obedecer y a otros para mandar, y que el hombre está en posesión de este derecho por su naturaleza, que es superior a la de la mujer (como a la del esclavo y los hijos). Se plantea si la mujer puede llegar a poseer otras virtudes que no sean “las del mérito que  nace de sus servicios puramente corporales”. La Edad Media no es mucho más alentadora. La Iglesia considera a la mujer fuente de todo pecado, impura por naturaleza. Enraizado en nuestra mente continúa el mito de Eva y la manzana. Por su su culpa también Adán fue expulsado del Paraíso y ella fue condenada a sufrir la menstruación y el embarazo. Es patológico: ni Pandora pudo resistirse a abrir la caja ni las mujeres de Barbazul a investigar más allá de la puerta prohibida. Según la institución eclesiástica, es la mujer la que conmueve la carne del hombre, quien lo impulsa a pecar y lo aleja de Dios. En estos términos se expresó el Papa Inocencio III (1161-1216), acerca de la menstruación en De Miseria Humanae Conditionis:

“Lo concebido se nutre de la ‘sangre menstrual’, que cesa en la mujer después de haber concebido para que lo concebido se nutra en la mujer. La cual, se dice, es tan detestable y sucia que a su contacto las mieses no germinan, los arbustos se secan, las hierbas mueren, los árboles pierden su fruto y los perros, si la prueban, enferman de rabia”. 

Y de esta otra forma el arzobispo de Toledo, Pla y Deniel, ahora en 1940:

“Los vestidos no deben ser tan cortos que no cubran la mayor parte de las piernas, no es tolerable que lleguen solo a la rodillaEs contra la modestia el escote, y los hay tan atrevidos que pudieran ser gravemente pecaminosos por la deshonesta intención que revelan o por el escándalo que producen. Es contra la modestia el llevar la manga corta de manera que no cubra el brazo al menos hasta el codo. Es contra la modestia no llevar medias”.

Personalidades como San Agustín o Santo Tomás de Aquino  se dedican a elaborar remixes de las ideas grecolatinas y cristianas. Entrando ya en la Modernidad,  se escriben obras tan sublimes como Instrucción de la mujer cristiana de  Juan Luis Vives (Valencia 1492-1540), o La perfecta casada, de Fray Luis de León.

Por supuesto, hay excepciones. Tomás Moro (1478-1535) se adelanta a la visión de su época en Utopía. A partir del siglo XVII existen obras más modernas, que se cuestionan la superioridad del hombre. Como ejemplo tenemos a Thomas Hobbes, que en Elementos de Ley y de Derecho cuestiona la desigualdad de hombres y mujeres como causa de la naturaleza, así como la autoridad patriarcal. Alega que esta se apoya en la concesión de poder que le ha hecho la mujer, mediante lo que él llama un pacto, que se da tanto en las familias como en el Estado. Expone tres modos mediante los que la mujer está sujeta al hombre: el ofrecimiento voluntario; la cautividad (sometimiento por parte del hombre); y el nacimiento (es decir, a través de los hijos). Los dos primeros son artificiales, la naturaleza no los crea, sino los individuos. La desigualdad en la humanidad es producto de la ley civil. Por tanto, en el estado de naturaleza, antes de realizar ningún convenio, hombres y mujeres son iguales (y, en este estado de naturaleza, el niño pertenece a la madre, entre otras cosas, porque solo ella puede decir quién es el padre). Da preeminencia a la madre sobre la progenie no por dar a luz al niño, sino por sustentarlo y cuidarlo. Hobbes argumenta que el imperio del sexo masculino no es una constante universal, porque no todas las sociedades se han organizado así y que este imperio no puede sustentarse en la mayor fuerza del hombre, ya que esta no es tanta.  No puede basarse en la fuerza la inferioridad de la mujer y, partiendo de que separa las cualidades de la humanidad en fuerza física, razón, experiencia y pasión, y que en las demás hombre y mujer no se diferencian (dice), se deduce fácilmente que son iguales.

Sin embargo, aunque todo esto es, como poco, curioso, no pretendo hacer un recorrido por todos los filósofos desde Grecia hasta nuestros días. Baste con darse cuenta de que las ideas machistas, que justifican la superioridad del hombre sobre la mujer y afianzan unos estereotipos acerca del “bello sexo” o del “sexo débil”, están ahí desde los inicios de nuestra civilización. Es por eso que me cuesta tanto creer que han desaparecido. Como mínimo admitamos que es difícil desprenderse de esa mujer pensada, ideada por una sociedad patriarcal desde la culta Atenas hasta la torturada Europa del siglo XX. Ahora que la mujer ha dejado de estar considerada un ser pensado y, en su lugar, ha adquirido la categoría de ser pensante, propongo a las mujeres del mundo occidental pensar qué estamos haciendo con esto del feminismo.

Actualmente, Occidente (la sonriente, la democrática, la políticamente correcta) vive bajo una especie de ‘dictadura de las minorías’. No nos alarmemos. Me refiero a que en general está mal vista la homofobia, el racismo, el machismo y otros ismos y fobias similares. A título personal, dudo que seamos todos tan buenos. Si de verdad somos iguales y coleguitas todos, ¿por qué siguen intentando venderme todo ese rollo de que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus? ¿Por qué el Happy Meal tiene una edición masculina y otra femenina? ¿Eh, McDonald’s, qué dices a eso, eh?

Me pregunto si son esos restos de machismo, esos estereotipos femeninos, los culpables de que nos presenten como feminismo Sexo en Nueva York o El diario de Bridget Jones. Si estar a favor de la igualdad significa sentirte identificada con estereotipos como estos, que me den de baja en el registro de mujeres. No es más que el lobo del machismo disfrazado con piel de cordero.

Pero el feminismo tampoco significa postular la superioridad de la mujer sobre el hombre. Lo siento. No creo que seamos ni más listas, ni más sensibles, ni más comunicativas ni, en definitiva, mejores.

El feminismo debería buscar la igualdad entre hombres y mujeres. El hombre ha sometido a la mujer, es cierto. No obstante, creo que es hora de que perdonemos a nuestros antepasados. No castiguemos a los nietos por los crímenes de los abuelos. Si somos justas, ellos no tienen la culpa. Tan machistas fuimos nosotras como ellos. Seamos un poco más pensantes y menos pensadas.