“La noche de piedra”, de Alexis Ravelo

La noche de piedra es una novela de género negro escrita por Alexis Ravelo (cuyo blog pueden conocer aquí y cuyos libros pueden comprar a través de Amazon acá) y publicada en 2007 por Anroart Ediciones.

En esta novela nos volveremos cómplices de los atroces acontecimientos que se desarrollan a lo largo de una semana en el pequeño pueblo costero de San Expósito. Casi sobra decir que las páginas rezuman sangre, sexo y violencia. Si este libro se sentase a mi lado en el bar, sin duda me rodaría un asiento.

La historia comienza con un suceso extraordinario que antecederá a los terribles hechos que vendrán después: se trata de una lluvia torrencial sobre el árido y polvoriento San Expósito. Hay que recalcar que gran parte del encanto de la novela se lo debemos al ambiente de este pueblucho alejado de la mano de Dios, inhóspito y caluroso, en el que todo el mundo conoce a todo el mundo o, al menos, cree conocerlo. Hasta los nombres tienen su gracia y, por supuesto, su intención: San Expósito, el Roque del Malo (epicentro de la catástrofe, cueva del monstruo) o la plaza Juntacadáveres.

La noche de piedra cumple todos los requisitos del género, lo que incluye disgustarnos de vez en cuando con sórdidas y repugnantes descripciones o escandalizarnos un poco. Póngase como ejemplo el siguiente fragmento, que mueve tanto al asco como a la ternura.

“Aspiró el olor a muerte y meados que la colonia de nenes jamás lograba disimular del todo. En la cama, la vieja roncaba bajo las sábanas estampadas de flores, rodeada de sus muñecas y sus payasitos de porcelana”.

El estilo es sencillo, directo como un buen derechazo pero no por ello menos sugerente. Especialmente atractiva resulta la presentación de la casa del Roque del Malo. La reproduzco en la medida justa para no violar derechos de autor.

“La casa está ahí, esperando. Como siempre lo estuvo, aún antes de ser construida. Como siempre lo estará. (…) Esperará, ajena a sí misma, a su ineluctable función de escenario de deseos e iniquidades. (…) Estaban ahí, estarán, están ahí esperando con la casa un nuevo desencadenamiento del drama del sexo y los anhelos y la posesión y la tierra removida y esas instanciaciones de la nada que son los hombres jugando a que son algo y construyendo para ello casas y más casas que están ahí, esperando a que penetren en ellas y vuelvan a representar, una vez más, el torpe espectáculo de sus miserias”.

El humor y el lenguaje coloquial desempeñarán también un papel importante en este juego de mezquindades. Tampoco me olvido de las constantes referencias literarias. El propio título del libro se debe a un verso del Canto general de Pablo Neruda, que una de las víctimas (porque víctimas hay muchas en esta historia, al igual que verdugos) subraya y que a su vez llama la atención del policía que intenta resolver el misterio.

Sin embargo, le había llamado la atención una frase (…): ‘a través de la noche de piedra’. Era curioso. Tenía algo de rotunda. De oscura. De enigmática. Le pareció ambigua. No sabía, por ejemplo, si se refería a una noche hecha de piedra o a la noche de la piedra, al sueño que la noche dormía. El viernes tuviste tu propia noche de piedra, bonita. La pregunta es en qué dirección la atravesaste, pensó”.

La literatura aparece hasta en el nombre de las calles (como la calle Peter Kien y Horacio Oliveira) o en el de los perros de uno de los personajes (Horacio y Safo).

Por otra parte, este libro puede presumir de buen ritmo y con esto no me refiero solamente a que sea de lectura ágil. Hay un evidente punto álgido, al que el autor nos conducirá casi sin que nos demos cuenta, preparando con antelación y minuciosamente el escenario que hará posible el desencadenamiento del horror. Pienso en un tetra brik de leche que se va derramando poco a poco hasta que finalmente el cartón explota en tus manos precisamente cuando te disponías a tapar el agujero. Tan precipitado es este punto culminante que el narrador utiliza la cámara lenta para detener el tiempo y que podamos digerir tanta miseria. Resulta gratificante, como lector, contemplar cómo finalmente se entrelazan todas las tramas y no queda ningún cabo por atar.

Sin embargo, la verdadera materia prima con la que se trabaja proviene de los personajes, de sus secretos oscuros y sus inconfesables deseos e impulsos, como evidencia la siguiente cita al comienzo de la novela:

 “El hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que solo osaría defenderse si se le atacara (…) el prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo”.

(Sigmund Freud, El malestar en la cultura)

Excepto, tal vez, Benito, el muchacho con discapacidad mental aficionado a los pechos femeninos y a los largos paseos, lo cierto es que ningún otro personaje puede despertar en nosotros mucha simpatía (que es una forma de decir que son todos unos cabrones). Cierto es que el cabo Casañas se muestra cariñoso y paciente con los discapacitados y que Estrella, por ejemplo, es capaz de amar profundamente. Pero a pesar de ciertos claroscuros, en todos acaba dominando la ambición, la venganza o el odio. Qué podíamos esperar cuando los títeres de este teatrillo son una pareja de criminales (Nico y Julia), un par de policías con sucios secretos (Casañas y Estrella), una mujer maltratada (Marta) y un lobo con piel de cordero (el ricachón Germán).

Me gustaría destacar también el tratamiento que se hace de la figura del criminal. El verdadero monstruo se nos presenta como alguien que está convencido de su superioridad sobre los demás y que, por tanto, se cree con derecho sobre ellos. Se trata del mismo motivo que lleva a Rodion Raskolnikov, el protagonista de Crimen y castigo, a cometer su acto atroz.

“En el artículo que comentamos se divide a los hombres en dos clases: seres ordinarios y seres extraordinarios. Los ordinarios han de vivir en la obediencia y no tienen derecho a faltar a las leyes, por el simple hecho de ser ordinarios. En cambio, los individuos extraordinarios están autorizados a cometer toda clase de crímenes y a violar todas las leyes, sin más razón que la de ser extraordinarios”.

(Fedor Dostoievski, Crimen y castigo)

Una pega que no puedo callarme es que la edición (al menos la edición para ebook) no es muy buena. A veces se dejan espacios innecesarios, los renglones se saltan o los puntos y aparte se convierten en puntos y seguido. No obstante, las virtudes de la novela y su precio más que razonable (1’54 euros en Amazon) mitigan este defecto.

En resumidas cuentas, si te gusta la novela y te sobran un par de eurillos, esta es una adquisición que te hará pasar unas cuantas buenas horas. ¿Qué más se puede pedir?

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