Cosmogonía

A Pupu Wachilam Apokteke el polvo de las estrellas le hizo pegar un gran estornudo. Así se crearon las montañas y los mares y todo lo que hay sobre la tierra. Pero Pupu Apokteke detestaba no tener con quien conversar, de modo que decidió construir una criatura que pudiese hablar igual que él. Primero hizo hombres con la madera de los árboles. Mas sus lenguas de palo solo hacían tic-tic, toc-toc. Además, estaban siempre muy tristes porque no podían abrazarse sin comenzar a arder. Por eso, de tanto llorar, sus cuerpos acabaron pudriéndose y abandonaron al dios.

Entonces Pupu Apokteke hizo hombres con las nubes. Mas sus lenguas las deshacía el viento antes de que pudiesen decir palabra. Al final, todos se durmieron porque les parecía que un mundo en el que nada fuese permanente debía de ser un sueño y abandonaron al dios.

Entonces Pupu Apokteke quiso hacer hombres de las sardinas y se horrorizó al comprobar que tenían los ojos vacíos. Sus lenguas de peces solo sabían hacer burbujas y daba miedo contemplar cómo se miraban sin verse en la fría oscuridad del océano. Por ello les quitó la vida y de este modo abandonaron al dios.

Entonces Pupu Apokteke decidió cortarse la lengua y hacer hombres de carne. Mas sus creaciones se giraron orgullosas hacia él y le hablaron con auténticas palabras: “No creas, dios, que tú nos has creado. Hemos sido nosotros quienes te hemos hecho con nuestras palabras. Ahora ya no tienes poder porque te hemos dejado mudo. Vete y no vuelvas a molestarnos”. El dios quiso hablar y deshacer a aquellos seres con palabras terribles, pero se dio cuenta de que ya no tenía lengua. Espantado de sí mismo, pensando que era él la creación de aquellas criaturas temibles, Pupu Apokteke abandonó a los hombres y no volvió nunca más.