Fidelidad

Adela se tambaleaba constantemente porque se sentía inclinada hacia dos hombres distintos. Los días impares la llevaban a los brazos de A, su amante, por el que sentía devoción. Los días pares la conducían al lecho de Y, su marido, acuciada por el deber marital. Como no quería faltar el respeto a ninguno de los dos en la cama, se prometió que siempre gritaría el nombre de ambos cuando hiciera el amor. Así, cuando sudaba sobre el cuerpo del amante, gritaba AY, AY y cuando temblaba bajo el peso del marido gritaba YA, YA.

Historia bárbara

Desconocemos si se trataba de un miedo animal a la cuchilla o de una dejadez antropológica; solo sabemos que Manolo se había dejado crecer la barba desde que el primer vello asomó, pubescente y atónito, a su rostro igualmente atónito y pubescente. Por lo demás, se había desarrollado con normalidad. Adquirió un gusto estereotípico por el heavy metal y consiguió un empleo como electricista. El vello facial y la gravedad de su voz resultaban, en conjunto, muy varoniles. Ganar el Concurso Mundial de Barbas celebrado en los Estados Unidos de algún modo suponía la culminación de sus esfuerzos o, según otros, de la pura inercia.

Por desgracia y paradójicamente, el premio consistía en afeitar la barba del ganador y exponerla, reconstruida, en el Museo Nacional de Barbas. Una única lágrima, grande como un puño, rodó junto a los restos gloriosos de aquella barba primigenia. Durante el proceso de afeitado se perdieron tres especies de aves autóctonas, cuyo destino fue perecer irremediablemente fuera de su hábitat natural. Manolo denunció a los organizadores del concurso, pero no por la extinción de los desdichados pajaritos. No. Tras deshacerse del pelo, nadie fue capaz de reconocerlo. Él mismo se enfrentó a una angustia existencial enloquecedora. No ha salido del país, puesto que en la frontera no pudieron verificar su identidad. Sus costumbres han cambiado. Ahora solo escucha jazz fusión. Se le ha aflautado la voz y no es capaz de hacer un puente como antes. Le han dado trabajo como contable y todos lo llaman Jack. Desde entonces no le ha vuelto a salir un solo pelo en la cara.

Jack acude al Museo Nacional de Barbas de vez en cuando y permanece un rato absorto frente a la vitrina donde se expone la barba de un hombre llamado Manolo.

Art+Food: Glutómata

Este es un microcuento que recité en el evento organizado por la editorial Puente Palo, “Art+Food”, celebrado en noviembre de 2011. Artistas plásticos y escritores se unieron para beneficiar a la ONG Burkinasara Canarias (http://www.burkinasaracanarias.org/), que lucha contra el hambre. Conseguí colarme entre los escritores, como quien no quiere la cosa, y ahí va mi pequeña aportación.

Alfonso era un hombre excepcional. Se autodefinía como un técnico del comer, un artista del deglutir, un maestro en la ingestión y la digestión. Era, en definitiva, un glutómata. Procedía de un excelso linaje de devoradores. Uno de sus antepasados, que vivió en el siglo XVII, se zampó a todos los dodos, aunque este era un secreto que solo los de su familia conocían.

Cuando era un bebé se conformaba con manjares comunes: papas fritas, chocolate, refrescos, hamburguesas, pizzas industriales. La falta de dientes no le impedía saciar su apetito insondable y egoísta.

Cuando se hizo un hombre adulto y se estableció, empezó a tener unos gustos más exquisitos. Comía linces, pingüinos, urogallos, focas, osos panda. En un mes quintuplicó su masa. Pero no era suficiente. Su hambre debía alcanzar una nueva perspectiva, una mayor profundidad. Debía ser un hambre emocional, filosófica, política y social. Primero engulló a su perro. Luego, a su esposa. Hizo desaparecer todas las radios del mundo y las máquinas de escribir.  Devoró varios idiomas, un par de naciones, un centenar de etnias. Absorbió todo el continente africano sin que a nadie pareciera importarle mucho. Mientras tanto fue expandiéndose hasta que finalmente implosionó y se convirtió en un agujero negro.

Obviamente, esto sucedió en un universo paralelo en el que la indiferencia permitía pasar hambre a unos muchos y comer mucho a unos pocos. Nosotros, de momento, no hemos sido tragados.

(Sí, esta boca tan fea la hice yo).

El cómic de “Cosmogonía”

Este microcuento loescribí hace mucho tiempo en un reino muy lejano. Apareció en La Bohemia en octubre de 2010 y, lo más interesante, recientemente mi amiga Stephanie Tacoronte van Ommen lo ha traducido al inglés y ha hecho una versión en cómic. Este año está terminando Bellas Artes en Holanda y la muchacha es una todoterreno. Por aquí lo dejo todo, para quien guste.

En español.

A Pupu Wachilam Apokteke el polvo de las estrellas le hizo pegar un gran estornudo. Así se crearon las montañas y los mares y todo lo que hay sobre la tierra. Pero Pupu Apokteke detestaba no tener con quien conversar de modo que decidió construir una criatura que pudiese hablar igual que él. Primero hizo hombres con la madera de los árboles. Mas sus lenguas de palo solo hacían tic-tic, toc-toc. Además, estaban siempre muy tristes porque no podían abrazarse sin comenzar a arder. Por eso, de tanto llorar, sus cuerpos acabaron pudriéndose y abandonaron al dios. Entonces Pupu Apokteke hizo hombres con las nubes. Mas sus lenguas las deshacía el viento antes de que pudiesen decir palabra. Al final, todos se durmieron porque les parecía que un mundo en el que nada fuese permanente debía ser un sueño y abandonaron al dios. Entonces Pupu Apokteke quiso hacer hombres de las sardinas y se horrorizó al comprobar que tenían los ojos vacíos. Sus lenguas de peces solo sabían hacer burbujas y daba miedo contemplar cómo se miraban sin verse en la fría oscuridad del océano. Por ello les quitó la vida y de este modo abandonaron al dios. Entonces Pupu Apokteke decidió cortarse la lengua y hacer hombres de carne. Mas sus creaciones se viraron orgullosas hacia él y le hablaron con auténticas palabras: “No creas, dios, que tú nos has creado. Hemos sido nosotros quienes te hemos hecho con nuestras palabras. Ahora ya no tienes poder porque te hemos dejado mudo. Vete y no vuelvas a molestarnos”. El dios quiso hablar y deshacer a aquellos seres con palabras terribles, pero se dio cuenta de que ya no tenía lengua. Espantado de sí mismo, pensando que era él la creación de aquellas criaturas temibles, Pupu Apokteke abandonó a los hombres y no volvió nunca más.

In English.

Stardust made Pupu Wachilam Apokteke sneeze loudly. This way mountains and seas and everything on Earth was created. But Pupu Apokteke felt that he had no one to talk to and decided to make a creature that could speak just as he did. First he made men with the wood of the trees. But their wooden tongues would only do tic-tic, toc-toc. Furthermore, they were always very sad because they couldn’t hug without bursting out in flames. Because of crying so much, their bodies ended up rotting and they left the god. Then Pupu Apokteke made men from the clouds. But their tongues disappeared in the wind before they could say a word. Finally, they all fell asleep as they thought that a world where nothing was permanent should be a dream. Then Pupu Apokteke wanted to make men from sardines and he was really shocked to find out that their eyes were empty. But their fish tongues could only make bubbles and it was scary to see how they looked at each other without seeing in the cold darkness of the ocean. So he took away their lives and this way, they left the god. Then Pupu Apokteke decided to cut off his tongue and make men of flesh. But his creations looked down on him proudly and talked to him with real words: “Do not believe, god, that you created us. We have made you with our words. Now you don’t have power anymore because we have taken away your voice. Leave and don’t bother us ever again”. The god wanted to talk and destroy those creatures with terrible words, but he found out that he had no tongue anymore. Scared of himself and thinking he was the creation of those creatures, Pupu Apokteke abandoned men and never returned.

Cómic.