¡Reto del logo rally cumplido!

Como prometí, he aquí los resultados del logo rally. Me hicieron cuatro propuestas y he cumplido con las cuatro. Si lo he hecho mejor o peor es ya algo que no me toca juzgar a mí. Si alguien se anima a escribir sus propios textos, pueden compartirlos en un comentario.

1) “El cerco que dejó el sudor en la chaqueta no sale” / Palabras: arroz, zapato, cargador, abrelatas, cenicero, garganta, valle.

No había manera. El cerco de sudor en mi chaqueta no salía. Llevaba allí días, meses, años. Desafiándome. Lo había frotado con arroz. Le había tirado un zapato, a modo de advertencia. Como no retrocedía, le había lanzado también el cenicero. Intenté extirparlo con un abrelatas. Lo enfadé. Con un golpe seco, metí el cargador de la pistola. En ese momento, el cerco de sudor era grande como un valle. Disparé. Lo último que recuerdo es un sabor a sal y a miedo bajándome por la garganta.

2) “Examen de Geografía”/ Palabras: plancha, alcoba, ¡déjame en paz!, cisterna, agujero, Nabucodonosor, Afrodita, América.

Ay, África, cómo desearía que fueras América a pesar de tu busto de Afrodita. Cómo desearía ser Nabucodonosor para inventarte ciudades y jardines. Si pudiéramos tener una alcoba en Irán, junto al Mar Caspio, te nacerían nuevos ríos. Ni siquiera recuerdo el nombre de ese agujero que tienes junto a Tanzania. Si tuviera una plancha te libraría de los Montes Mitumba, de ese Macizo de Tibesti y de todas las irregularidades cuyos nombres desconozco. Te escucho susurrar “¡déjame en paz!” a Europa. Créeme: si pudiera, tiraría de la cisterna del Mar Negro y te haría desaparecer. Descansarías bajo las olas, como una inmensa Atlántida.

3) “Abrí una caja de chocolatinas Tirma y no me la puedo acabar solo”/ Palabras: champiñón, marihuana, el perro no entra, roscas, fleje, pesado, siesta.

Abrí una caja de chocolatinas Tirma para endulzar la soledad. Comí una, diez, doscientas. No dejaban de salir chocolatinas de la caja. Intenté fumarme las chocolatinas como si fueran marihuana, porque la marihuana siempre se acaba antes de que uno quiera. No funcionó. Al borde de la diabetes admití que necesitaba ayuda. Pero no iba a pedírsela a ella. Entonces lo vi: un pesado perro marrón movía la lengua junto a mi ventana. Le abrí la puerta y me escupió. No me había fijado en que seguía allí el cartel que ella había escrito con su letra de pitonisa: “el perro no entra”. Un fleje de chocolatinas llenaba la casa. A punto de ahogarme exclamé ¡ven! Apareció ella, saltando como las roscas. Entre los dos nos terminamos una larga chocolatina que sabía a siesta. Dormí abrazado a su cintura de champiñón y soñé que me la comía.

4) “Una vieja máquina de escribir sobre el alféizar” / Palabras: globalización, dolor, esquimal, medias, cadáver, relamer, distancia, parafernalia.

Estaba allí, sobre el alféizar, derrotada. Mi vieja máquina de escribir. No entendí qué la había llevado a exhibir así su dolor, a montar aquella parafernalia suicida. Ella ya no tenía que preocuparse de la globalización ni de las guerras en Oriente Medio. Eso era tarea de mi ordenador ahora. Ella podía pasarse el día en el cajón relamiéndose las consonantes. Podría haber escrito aquella novela sobre el pueblo esquimal de la que tanto hablaba. Me irritaban sus medias tintas. Deseaba que la viera, llamar mi atención. Le dije: “Si te hubieras querido tirar, ya lo habrías hecho”. Entonces se inclinó un poco más hacia el vacío y en un instante recorrió la distancia desde el quinto piso hasta el suelo. Emocionado, recogí su cadáver. Quiero llevar sus cenizas al Ártico.

Reto del “logo rally”

El año pasado, en el taller de narrativa, hicimos un “logo rally”. Consiste en crear un texto a partir de palabras elegidas al azar, con un enunciado anodino. En este caso el enunciado fue “Vieja va a la mercería a comprar botones”. Las palabras al azar fueron: lupus, saltimbanqui, peonza, cerveza, pinchito, armería, río y bicho.

El texto que escribí fue el siguiente:

La ancianita se enfunda su traje rosado. Aguza su olfato de canis lupus y estira sus extremidades de saltimbanqui achacosa. Entra en la mercería con un entusiasmo de peonza y pide botones como pide un borracho una cerveza. La dependienta, afilada y sabrosa como un pinchito, le descubre el mostrador donde se encuentran las agujas, los hilos hirientes y los resistentes botones. Entusiasmada frente a esta armería, la anciana extiende un río de dedos ansiosos. Sale con una bolsita de bichos multicolores para pegarse a la ropa.

Desde aquí los animo a que  me den un enunciado y unas nuevas palabras, ¡las que sean! Mientras más difícil me lo pongan mejor. El texto resultante lo postearé en una nueva entrada.

Jugar con los libros

Hoy no me he portado bien. En vez de ponerme a leer, he estado jugando con los libros. El juego consiste en lo siguiente.

Cojo dos libros de mi estantería. Luego relleno el siguiente esquema, abriéndolos alternativamente por una página cualquiera.

/Nombre propio del libro 1/ era /adjetivo o sustantivo del libro 2/. Tenía /sustantivo del libro 1/. Odiaba /sustantivo del libro 2/. Sin embargo, amaba /sustantivo del libro 1/. Un día, /verbo del libro 2/. Decidió /verbo en infinitivo del libro 1/. Todo terminó cuando /nombre propio libro del libro 2/ /verbo del libro 1/

Obviamente, los verbos hay que ajustarlos a la tercera persona del singular y al tiempo pasado.

Estos han sido los textos que han surgido de mis experimentos. Prueben a adivinar qué dos libros he mezclado en cada ocasión. La respuesta la encontrarán al final del post.

1) Raymond era enorme como un barril. Tenía cabellos brillantes, una sonrisa y una pulsera de plata. Odiaba al príncipe que reía entre dientes. Sin embargo, amaba la pequeña fuente, el sol y los cinco tiros de revólver. Un día, recibió el susto de su vida: volvió a oír el “¡¡Uuuuuu!!”.  Decidió sacar su cuchillo. Todo terminó cuando Masson corrió por el sendero de montaña siguiendo las huellas que solo él lograba ver.

2) Wamba era una mujer muy callada, así como usted. Tenía al buen caballero llamado hasta el momento el Negro Holgazán y al decidido montero Robert Locksley, llamado Partevaras. Odiaba el chorizo norteño. Sin embargo, amaba al dios de mis padres. Un día, sentía ganas de correr lejos, muy lejos para proteger de la gélida presencia de su madre el pequeño fuego interior. Decidió esclarecer la suerte que hubiera podido correr Ivanhoe. Todo terminó cuando Gertrudis se volvió a Mont-Fitchet con una sonriente mueca.

3) Anastasio era una figura descarnada que se balanceaba en una mecedora. Tenía varias cartas de jóvenes amigos míos que pude presentarles al instante. Odiaba las recientes fotos de Acapulco. Sin embargo, amaba la mesa de Lord Desart. Un día, convirtió la palabra en un agorero OOM apenas visible en el letrero descolorido. Decidió familiarizarse minuciosa y críticamente con un período de la historia de Inglaterra, el de la Guerra Parlamentaria. Todo terminó cuando Nancy se apartó a eso de las diez de la calle de Oxford.

4) Zeuxis era quien te espantaba las mariposas de la cara. Tenía el Alcmeón de Astidamante. Odiaba las colinas del antiguo puerto negrero. Sin embargo, amaba a una mujer y a un esclavo buenos. Un día, lo sorprendieron muchas veces en aquel sopor insomne. Decidió decantarse por una u otra poesía. Todo terminó cuando Emanuel salió del santuario.

Respuestas:

1) El extranjero, Albert Camus + La princesa prometida, William Goldman

2) Ivanhoe, Walter Scott + Como agua para chocolate, Laura Esquivel

3) Confesiones de un inglés comedor de opio, Thomas de Quincey + A sangre fría, Truman Capote

4) Poética, Aristóteles + El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez

Desde aquí les invito a continuar con el juego y a añadir en “comentarios” los resultados de sus experimentos.