Resumen navideño

He tenido una feliz Navidad, un buen día de Reyes y espero que sea verdad eso del próspero año 2013. Conseguí tragarme las doce uvas a tiempo, de manera que mis expectativas son altas. Por otro lado, he subido de nivel a mis pokémon, he leído un par de libros y visto unas cuantas buenas pelis en el cine. También he sobrevivido al fin del mundo y a numerosas cenas familiares. Por tanto, puedo considerar que estas han sido unas Navidades bastante intensas.

Hoy, día 7 de enero, puedo declarar oficialmente que HE VUELTO.

Sin embargo, mi ausencia navideña me ha privado de hablar de numerosos temas. Por ejemplo ayer, día de Reyes, podría haber escrito una entrada titulada “Juguetes para niños y juguetes para niñas”.

Me molesta tremendamente esa especie de empeño en diferenciar qué juguetes hay que regalarle a un niño y qué juguetes son los adecuados para una niña. No han sido pocas las veces que he escuchado a un adulto decir algo parecido a lo siguiente: “A Pedrito le han regalado una pelota, pero se ve que prefiere jugar con la Bratz de su hermana”. Esta declaración que, a primera vista, podría resultar inocente, en realidad está cargada de mucha hiel, prejuicios y mala baba. En primer lugar, podemos imaginar que ha sido pronunciada con un tono significativo y que el emisor del mensaje, seguramente, ha arqueado las cejas y asentido al menos dos veces con la cabeza. En segundo lugar, Pedrito tiene 4 años. Pedrito es poco consciente de la diferencia que los mayores hacen entre “las cosas de niños” y “las cosas de niñas”. Por no mencionar que Pedrito tampoco sabe que su tío lo acaba de llamar mariquita.

No olvidemos que son los padres quienes compran (y seleccionan) los juguetes de sus hijos. Si a una niña le regalas coches, es bastante probable que acaben gustándole, al igual que si todos los años le envolvieses una piedra en un bonito papel de colores y se la pusieses bajo el árbol desarrollará un gran amor hacia las piedras.

Es cierto que esto puede cambiar cuando el niño tenga diez años. Elige a un niño de once años cualquiera y regálale una Barbie, a ver qué cara te pone. Los padres no son la única fuente de información del niño. Hay otros chicos en el colegio, profesores. En todo caso, lo que no debemos olvidar es que si al niño no le gusta la muñeca es porque le han enseñado que eso no es un juguete para él. Estaría bien que dejáramos de sexualizar los juguetes. El día de Reyes me hace consciente de la cantidad de prejuicios que recibimos sobre la condición femenina y la condición masculina desde que somos pequeños.

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Dejando a un lado este tema, otra cosa que no he hecho en Navidad ha sido hablar sobre los estrenos. La entrada sobre El hobbit: un viaje inesperado pensaba titularla “Hobbitoneando”. La película de Peter Jackson, claramente, no es el libro de Tolkien. Pero a veces que una película no sea fiel al libro es, en realidad, algo bueno. El hobbit de Tolkien es un libro infantil y además (como solía pasarle a Tolkien) con mucha paja. Podríamos quitarle muchas páginas verdaderamente aburridas. Peter Jackson ha convertido El hobbit en algo más épico, más parecido a El señor de los anillos, aunque sin renunciar a cierto aire de cuento tradicional. De haberlo hecho de otra manera, habría perdido fanes. Por supuesto, habrá gente a la que no le haya gustado o que se entretenga en citar las numerosas licencias que se toma el director. El hobbit, en realidad, no es un libro especialmente bueno. Alguna pega, por supuesto, podemos ponerle al film. Por ejemplo, a mi modo de ver, la escena inicial de los enanos resulta demasiado larga. No obstante, creo que los aciertos superan los inconvenientes. Me pareció estupendo que nunca llegara a verse al dragón Smaug por entero, por mencionar algo más a su favor.

Otra película que me ha sorprendido gratamente y que sin duda se posiciona como mi favorita de estas Navidades ha sido Los miserables. No es habitual encontrarse en la cartelera una película basada en un musical de estas características. La escena inicial ya impresiona de por sí. Nunca pensé que Lobezno (Hugh Jackman) fuera capaz de emocionarme tanto. Russell Crowe es un excelente Javert. ¿Y Anne Hathaway haciéndome llorar? Jamás lo habría esperado. Por supuesto, la calidad vocal no es la misma que puede aportarnos un cantante de ópera. Pero los personajes ganan en otro aspecto: el de interpretación. La actuación es mejor de la que podemos esperar en el musical. La parte de las barricadas es la que resulta más lenta. Poco más puedo decir a parte de extraordinaria, genial, vayan a verla. Si no lloran más de una vez es que son unos “cachos de carne con ojos”.

Tampoco ha estado mal ¡Rompe Ralph!, una película entretenida y familiar con los videojuegos como trasfondo. Me llamó la atención que tuviese un aire tan retro. ¡Se desarrolla en unos recreativos! Tal como yo lo veo, hoy los recreativos solo se utilizan para vender droga o blanquear dinero.

Por desgracia no puedo viajar atrás en el tiempo y hablar sobre todo lo que no he hablado en su debido momento. Lo que sí puedo hacer es no dejar de hablarles a partir de ahora.

Nos veremos la semana que viene. Volveré.