“Maus”, de Art Spiegelman. El cómic que ganó el Pulitzer.

Maus es un cómic (el término “novela gráfica” puede arder en el Infierno) escrito por el estadounidense Art Spiegelman. Se divide en dos partes: la primera titulada “Mi padre sangra historia” y la segunda “Y allí empezaron mis problemas”. En 1992, un año después de que Art Spiegelman la terminara, recibió el premio Pulitzer, convirtiéndose en el primer cómic que obtenía dicho reconocimiento.

Maus es una obra intimista, dura, sincera y cautivadora. El propio autor, Art (“Artie”), se convierte en personaje para pedirle a su padre, el polaco Vladek Spiegelman, que le relate su vida y le hable de cómo sobrevivió a Auschwitz en 1945.

Art Spiegelman, Maus, portada

Uno de los primeros aspectos que llaman nuestra atención es que los protagonistas de la historia son ratones antropomórficos. En el libro, los judíos están representados por ratones, mientras que los nazis son gatos. Para los estadounidenses eligió los perros, los cerdos para los polacos y las ranas para los franceses. Incluso aparece una polilla gitana. Esta selección, obviamente, no está hecha a la ligera y aporta un cierto aire de fábula a la obra.

La historia se desarrolla en dos tiempos diferentes. Por un lado, en el presente tenemos a Artie en los Estados Unidos, pidiéndole a su padre que le cuente la historia para, precisamente, elaborar Maus. El presente es la historia de la historia. Por otro lado, en el pasado tenemos a Vladek, en Polonia, contando todo lo que vivió desde mediados de los años 30 hasta el fin de la II Guerra Mundial. El hecho de que el hijo sea el hilo conductor de la historia presente y el padre el de la historia pasada ya es de por sí significativo.

En la forma de contar podemos apreciar lo que hay de metaficción en Maus. Las referencias a la propia obra son constantes, aún más en la segunda parte, en la que el autor nos cuenta cómo ha sido recibido el primer volumen de su cómic y expresa sus reflexiones y sentimientos sobre su creación. Tenemos otros ejemplos cuando Vladek, su padre, le pide que no cuente cosas personales en el cómic o que mienta, o bien le dice que una historieta así no le va a dar dinero. En una ocasión, Artie le dice a su mujer “¿Ves? En la vida real no me habrías dejado hablar tanto sin interrumpirme”.

Durante la narración el hijo suele detener al padre para que no haga saltos en la historia, lo que da una falsa impresión de naturalidad. Las interrupciones son frecuentes pero están hechas de tal manera que los dos tiempos se amalgaman, convirtiéndose en uno solo y consiguiendo que el lector no se vea incomodado por el paso del presente al pasado.

Otra virtud de este cómic es la verosimilitud y la maestría con la que se retrata a los personajes. Sin duda quien más capta nuestro interés es Vladek, el padre. Vladek era un joven fuerte, guapo, ordenado y limpio. A pesar de que dejó el colegio para trabajar a los catorce años, sabe hablar inglés, alemán y es un hombre capaz y desenvuelto. Es resolutivo e insoportablemente práctico. En su vejez se convierte en un hombre enfermo, maniático y algo cascarrabias. Siempre se las apaña para sacar adelante a su familia. Odia a los comunistas y es muy testarudo. Ama profundamente a su mujer Anja. Es religioso y cree en las premoniciones. También es luchador y voluntarioso. En el campo de prisioneros se bañaba a pesar del frío y hacía gimnasia para mantenerse sano. Quiere hacerlo todo por sí mismo; detesta sentirse viejo e inútil.  Valora quizá en exceso el dinero, del que le cuesta desprenderse cuando es anciano (de hecho, su hijo teme retratarlo como el estereotipo de judío avaro en el libro). Vladek es una persona real, con matices, ni bueno ni malo. Muchas veces nos desesperará su comportamiento, como desespera a su hijo Artie, y otras veces nos sentiremos emocionados o admirados por su forma de proceder.

De Anja, la madre, tenemos una visión menos clara. Se trata casi de un fantasma, al que conocemos gracias a lo que nos cuentan de ella Artie y Vladek. Anja se suicida cuando el autor es un niño, sin dejar siquiera una nota. Esta tragedia los marcará a ambos. Se nos presenta como una mujer inteligente, sensible, rica y muy culta. Pero también es enfermiza y depresiva. Llega a ingresar en un sanatorio tras el parto de su primer hijo Richieu y a menudo desea rendirse y tirar la toalla durante la historia. Cuando está en Auschwitz afirma que si sigue viva es por el amor que siente hacia su marido. El amor entre Anja y Vladek es sin duda uno de los elementos más conmovedores de este relato.

A Artie, el autor, lo conocemos sobre todo a través de la relación con su padre y de la relación con la obra que está escribiendo. La escritura de Maus sirve como pretexto para un acercamiento entre padre e hijo. Art se sentía abrumado por su padre y prefería mantenerse distante. No obstante, a medida que avanza la historia, su relación se vuelve más estrecha y Art puede ver a su padre (que muere antes de que finalice el libro) desde un punto de vista diferente.

Viñeta Maus Amigos

Maus es una obra particular y universal: particular porque es la historia de la familia Spiegelman y universal porque da cuenta de la situación de todos los judíos bajo el nazismo. A las experiencias de Vladek se unen las historias de otros, bien sea porque alguien se las relata o bien porque se trata de personas con las que coincide.

La primera parte de Maus, “Mi padre sangra historia”, va desde mediados de los años 30 hasta que llega al campo de exterminio de Auschwitz o, como lo llaman en el libro, “Mauschwitz”. Narra cómo se conocieron los padres de Artie, Vladek y Anja, y cómo forman una familia que poco a poco, debido al avance del nazismo, se desmorona. Las peripecias de Vladek son numerosas. Llega a montar una fábrica textil, a luchar en el frente contra Alemania, a ser prisionero de guerra, a trabajar “moviendo montañas” para los alemanes, a escapar gracias a un soborno, a mentir para poder traspasar la frontera y reunirse con los suyos, a vivir en un gueto, a traficar con mercancías para comer… Este primer volumen termina precisamente con su llegada a Auschwitz. El segundo volumen, “Y allí empezaron mis problemas” se centra en su estancia en el campo de exterminio hasta que los alemanes son vencidos y llega el ejército norteamericano.

A la hora de reseñar una obra de estas características, que trata un tema tan impactante como el holocausto durante la II Guerra Mundial, resulta difícil no hacer alusión a su contenido. Como sucede con otras historias similares, lo más fascinante es la pintura sobre el comportamiento humano en situaciones extremas. Este tipo de situaciones unen a las personas tanto como las separan. Existía una policía judía que se dedicaba a abusar de los suyos. Muchos polacos acogían a los refugiados hasta que se les acababa el dinero y después los delataban. No nos extraña, entonces, que el dinero fuese una preocupación constante para Vladek. Él sabía que nadie se arriesgaría a cambio de nada.

También es asombrosa la importancia de creer y de tener esperanza. La esperanza es lo que mantiene a Vladek con vida en Auschwitz, mientras que muchos otros prefieren (comprensiblemente) rendirse. Algunos, como su cuñada Tosha, optan por el suicidio. En un lugar como Auschwitz los valores cambian. Algo tan nimio como conseguir zapatos de su talla podía hacerles llorar de emoción.

El miedo es siempre lo más peligroso, pero entiendes que no puedan escapar a él. El miedo era la herramienta de control de los nazis. Cuando los alemanes los llamaban para “renovar sus papeles”, aunque sospechasen que se trataba de una trampa, acudían igualmente. No acudir los aterrorizaba.

Viñeta Maus Miedo

La salvación de Vladek sin duda es una cuestión de suerte. No se salvaban los mejores ni los más listos ni morían los peores o los más estúpidos. Uno se percata de que el azar juega un papel demasiado relevante en la vida y la muerte de las personas y eso asusta.

Sin embargo, algo que diferencia a Vladek de los demás y que a pesar de la suerte o del destino nos hace pensar que es más propenso a sobrevivir es el hecho de que él, desde muy pronto, acepta que las cosas han cambiado y actúa en consecuencia, mientras que por ejemplo su familia quiere seguir viviendo como antes de la guerra y simplemente espera que las circunstancias mejoren. A Vladek su perspicacia lo salva muchas veces. Desde que todo comienza se preocupa de tener algo de valor que poder cambiar siempre, de mantenerse sano, mentir si es necesario, huir a tiempo.  Tener amigos y contactos es importante aunque a veces que alguien te conozca también puede volverse en tu contra. Se empeña también en aprender a hacer de todo: construir un refugio, arreglar suelas, cortar una plancha de metal, hablar idiomas… Saber inglés, por ejemplo, le permite pasar sus dos primeros meses en Auschwitz de una manera en cierto sentido privilegiada.

Art Spiegelman duda sobre si podrá finalizar con éxito una obra de esta magnitud o, como él dice, “tan pretenciosa”. ¿Cómo describir el horror de Auschwitz? ¿Cómo dar a entender lo que sus padres y los judíos vivieron en Polonia durante esos años? Él mismo reflexiona que, mientras su relato sea honesto, basta. Y Maus es honesta, aunque no solo eso. Es un cómic bien ejecutado, con una buena narrativa y unos personajes verosímiles. Sin duda Art Spiegelman lo ha conseguido. Maus es un cómic que no puede faltar en la estantería de ningún lector, tanto si está o no acostumbrado a los tebeos. Si nunca has leído uno, puedes empezar por este. 

maus

El cómic de “Cosmogonía”

Este microcuento loescribí hace mucho tiempo en un reino muy lejano. Apareció en La Bohemia en octubre de 2010 y, lo más interesante, recientemente mi amiga Stephanie Tacoronte van Ommen lo ha traducido al inglés y ha hecho una versión en cómic. Este año está terminando Bellas Artes en Holanda y la muchacha es una todoterreno. Por aquí lo dejo todo, para quien guste.

En español.

A Pupu Wachilam Apokteke el polvo de las estrellas le hizo pegar un gran estornudo. Así se crearon las montañas y los mares y todo lo que hay sobre la tierra. Pero Pupu Apokteke detestaba no tener con quien conversar de modo que decidió construir una criatura que pudiese hablar igual que él. Primero hizo hombres con la madera de los árboles. Mas sus lenguas de palo solo hacían tic-tic, toc-toc. Además, estaban siempre muy tristes porque no podían abrazarse sin comenzar a arder. Por eso, de tanto llorar, sus cuerpos acabaron pudriéndose y abandonaron al dios. Entonces Pupu Apokteke hizo hombres con las nubes. Mas sus lenguas las deshacía el viento antes de que pudiesen decir palabra. Al final, todos se durmieron porque les parecía que un mundo en el que nada fuese permanente debía ser un sueño y abandonaron al dios. Entonces Pupu Apokteke quiso hacer hombres de las sardinas y se horrorizó al comprobar que tenían los ojos vacíos. Sus lenguas de peces solo sabían hacer burbujas y daba miedo contemplar cómo se miraban sin verse en la fría oscuridad del océano. Por ello les quitó la vida y de este modo abandonaron al dios. Entonces Pupu Apokteke decidió cortarse la lengua y hacer hombres de carne. Mas sus creaciones se viraron orgullosas hacia él y le hablaron con auténticas palabras: “No creas, dios, que tú nos has creado. Hemos sido nosotros quienes te hemos hecho con nuestras palabras. Ahora ya no tienes poder porque te hemos dejado mudo. Vete y no vuelvas a molestarnos”. El dios quiso hablar y deshacer a aquellos seres con palabras terribles, pero se dio cuenta de que ya no tenía lengua. Espantado de sí mismo, pensando que era él la creación de aquellas criaturas temibles, Pupu Apokteke abandonó a los hombres y no volvió nunca más.

In English.

Stardust made Pupu Wachilam Apokteke sneeze loudly. This way mountains and seas and everything on Earth was created. But Pupu Apokteke felt that he had no one to talk to and decided to make a creature that could speak just as he did. First he made men with the wood of the trees. But their wooden tongues would only do tic-tic, toc-toc. Furthermore, they were always very sad because they couldn’t hug without bursting out in flames. Because of crying so much, their bodies ended up rotting and they left the god. Then Pupu Apokteke made men from the clouds. But their tongues disappeared in the wind before they could say a word. Finally, they all fell asleep as they thought that a world where nothing was permanent should be a dream. Then Pupu Apokteke wanted to make men from sardines and he was really shocked to find out that their eyes were empty. But their fish tongues could only make bubbles and it was scary to see how they looked at each other without seeing in the cold darkness of the ocean. So he took away their lives and this way, they left the god. Then Pupu Apokteke decided to cut off his tongue and make men of flesh. But his creations looked down on him proudly and talked to him with real words: “Do not believe, god, that you created us. We have made you with our words. Now you don’t have power anymore because we have taken away your voice. Leave and don’t bother us ever again”. The god wanted to talk and destroy those creatures with terrible words, but he found out that he had no tongue anymore. Scared of himself and thinking he was the creation of those creatures, Pupu Apokteke abandoned men and never returned.

Cómic.