Cabezal

Aprovecho esta entrada para anunciar que no actualizaré el blog tan a menudo a partir de ahora, por varias razones. No lo eliminaré, pero voy a dejarlo de lado para centrarme en otras cosas, entre ellas la construcción de mi web personal www.desireejimenez.com (será una página nueva que no se corresponderá con este blog gratuito de WordPress). Si quieren saber qué estoy haciendo o acosarme siempre pueden agregarme a Facebook:

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He aquí el microcuento con el que me despido. Me ha dado muchos dolores de cabeza:

 

Ethel había nacido sin cabeza. Era un gran inconveniente, puesto que Ethel no podía sentar la cabeza. No podía tener pájaros ni viento en la cabeza. No podía tener la cabeza cuadrada, ni de chorlito. No se le podía pasar nada por la cabeza. De joven quiso ser una cabeza rapada y no pudo. En el fútbol no podía despejar de cabeza y en las peleas era una gran desventaja no poder dar cabezazos. No se podía tirar de cabeza en la piscina, ni ir de cabeza a ningún sitio. No le podían meter ni sacar nada de la cabeza, por no hablar de lo triste que la ponían los encabezamientos. La apenaba no poder presumir de mala cabeza ni estar a la cabeza de nada, nunca.

Sus amigos intentaban animarla, insistiendo en que mirara el lado positivo. Por ejemplo, no podía ser la cabeza de turco de nadie. Era inmune a las preocupaciones, porque no podía tener quebraderos de cabeza. Si bien no podía decirse que tuviera la cabeza en su sitio, tampoco estaba tocada de la cabeza. Desde luego, no podía írsele la cabeza, ni siquiera de vez en cuando, y mucho menos perderla. Nadie le calentaría la cabeza y, sin importar las circunstancias, ella podría afirmar orgullosa que nunca había bajado la cabeza ante nadie.

Sin embargo, no lograban consolarla. Ethel sabía que su vida era poco emocionante porque nunca podría jugarse la cabeza. No podría volver la cabeza con repugnancia ante sus enemigos. Sin duda, lo peor era que Ethel tenía la certeza de que nunca podría levantar cabeza.