El funeral de Augustus

Yo no quiero ir, pero no puedo hacer nada. Me avergüenza estar en su compañía. Augustus es un hombre detestable. Me lleva en contra de mi voluntad a ver al pobre Franz, que en vida se creyó amigo íntimo de mi monstruoso amo. Yo estoy escondida. A oscuras. No quiere que salga, porque si lo hago podría delatarle. Lo escucho dar el pésame a María, la hermosa y cruel viuda. Otras cosas menos tristes le he oído verter en sus oídos. Luego, Augustus se acerca a un tal Bernard, al que supongo también amigo del difunto Franz. Compungido, Bernard le confiesa a Augustus que Franz habló con él antes de suicidarse. Estaba muy afectado, porque descubrió que María tenía un amante. Él no le creyó. Entonces Franz le mostró la factura de una costosa pipa de espuma de mar, a nombre de María. Franz no fumaba y María no quiso contarle para quién la había comprado. Bernard le pide a Augustus que todo quede entre ellos. Augustus lo promete. Llega hasta mí para asegurarse de que no me he movido y me da unos toquecitos en la oscuridad. No soporto esta situación. Yo lo supe desde el principio. Me siento culpable. Pero, ¿qué podía hacer entonces? ¿Qué puedo hacer ahora?  Augustus es implacable. Cuando no haya testigos, me sacará de su bolsillo, me llenará de tabaco y me chupará sin compasión.

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