Art+Food: Glutómata

Este es un microcuento que recité en el evento organizado por la editorial Puente Palo, “Art+Food”, celebrado en noviembre de 2011. Artistas plásticos y escritores se unieron para beneficiar a la ONG Burkinasara Canarias (http://www.burkinasaracanarias.org/), que lucha contra el hambre. Conseguí colarme entre los escritores, como quien no quiere la cosa, y ahí va mi pequeña aportación.

Alfonso era un hombre excepcional. Se autodefinía como un técnico del comer, un artista del deglutir, un maestro en la ingestión y la digestión. Era, en definitiva, un glutómata. Procedía de un excelso linaje de devoradores. Uno de sus antepasados, que vivió en el siglo XVII, se zampó a todos los dodos, aunque este era un secreto que solo los de su familia conocían.

Cuando era un bebé se conformaba con manjares comunes: papas fritas, chocolate, refrescos, hamburguesas, pizzas industriales. La falta de dientes no le impedía saciar su apetito insondable y egoísta.

Cuando se hizo un hombre adulto y se estableció, empezó a tener unos gustos más exquisitos. Comía linces, pingüinos, urogallos, focas, osos panda. En un mes quintuplicó su masa. Pero no era suficiente. Su hambre debía alcanzar una nueva perspectiva, una mayor profundidad. Debía ser un hambre emocional, filosófica, política y social. Primero engulló a su perro. Luego, a su esposa. Hizo desaparecer todas las radios del mundo y las máquinas de escribir.  Devoró varios idiomas, un par de naciones, un centenar de etnias. Absorbió todo el continente africano sin que a nadie pareciera importarle mucho. Mientras tanto fue expandiéndose hasta que finalmente implosionó y se convirtió en un agujero negro.

Obviamente, esto sucedió en un universo paralelo en el que la indiferencia permitía pasar hambre a unos muchos y comer mucho a unos pocos. Nosotros, de momento, no hemos sido tragados.

(Sí, esta boca tan fea la hice yo).

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