Fidelidad

Adela se tambaleaba constantemente porque se sentía inclinada hacia dos hombres distintos. Los días impares la llevaban a los brazos de A, su amante, por el que sentía devoción. Los días pares la conducían al lecho de Y, su marido, acuciada por el deber marital. Como no quería faltar el respeto a ninguno de los dos en la cama, se prometió que siempre gritaría el nombre de ambos cuando hiciera el amor. Así, cuando sudaba sobre el cuerpo del amante, gritaba AY, AY y cuando temblaba bajo el peso del marido gritaba YA, YA.

11 pensamientos en “Fidelidad

  1. Un placer descubrirte, Desiree.
    Muy buena idea has dado a más de una. jaja
    ¡Genial!
    Un saludo desde Canarias,
    Jesús.

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