El hombre silla (o el sillombre)

Cada noche de luna llena, Roberto se transformaba en una elegante y comodísima silla. Al principio no comprendía por qué le sucedía esto. Es decir, convertirse en un mueble resultaba lógico, puesto que se dedicaba a la decoración de interiores, su verdadera vocación y única amante. Si hubiera sido aficionado a los perros, podría haberse metamorfoseado en un labrador o en un escarabajo si encontrase algún interés en la entomología. Lo que no entendía era por qué, de entre todos los muebles, se convertía precisamente en una silla. Él siempre tuvo de sí mismo una concepción más intelectual. Podría haber sido una excelente estantería. También era trabajador y organizativo. Un secreter le hubiera venido a la perfección. En sus momentos de mayor soledad incluso podría haber sido un buen mueble bar.

Con el tiempo, decidió sacar provecho a su situación. Se coló en el apartamento de su exuberante vecina y esperó a que los rayos de luna lo transformasen. Ella solía pasar las madrugadas escribiendo frente al ordenador. Y así, cuando las nalgas firmes y tersas de Marta se hundieron contra su superficie, Roberto lo comprendió todo. 

16 pensamientos en “El hombre silla (o el sillombre)

  1. yo para eso mejor preferiría convertirme en sábana…jeje…buen micro. saludos

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