“Olvidado rey Gudú”, de Ana María Matute

Son muchos los que piensan que las novelas de fantasía épica están dirigidas obligatoriamente a un público juvenil o que necesariamente hay que esperar de ellas una escasa calidad literaria. Con El señor de los anillos  de J.R.R. Tolkien el género adquirió nuevas fuerzas y con el éxito de la saga Canción de fuego y hielo de George R.R. Martin hemos terminado de comprobar que no se trata de un género dirigido exclusivamente a un público juvenil. En cuanto a calidad literaria, es cierto que frecuentemente las novelas de fantasía épica tienen muchas páginas de sobra o personajes planos. Como todo subgénero, posee sus características, sus tópicos o, según se quiera ver, sus limitaciones. En este sentido, Olvidado rey Gudú es la novela de fantasía épica con mayor calidad literaria que he leído hasta el momento. Por eso, seas fan o no de la fantasía épica, este es un libro que recomendaría leer.

Precisamente, resulta que la autora de este libro es nada menos que Ana María Matute, una de las grandes voces de la literatura española contemporánea. Los premios que ha recibido por sus novelas son tan numerosos como prestigiosos; entre ellos se encuentran el premio Nadal y el premio Planeta.  En 2010 recibió el Premio Cervantes, concedido al grueso de su obra. Poco antes, en marzo de 2009, Ana María Matute depositó en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes la primera edición de Olvidado rey Gudú, libro que la propia autora señala como su favorito. Además, es miembro de la Real Academia de la Lengua Española y se la considera una de las autoras más relevantes de la llamada “generación del 50”. Como escritora de la posguerra, su novelística está ambientada principalmente en la guerra civil y los años posteriores. De la generación del 50 se dice que es eminentemente “realista” y a menudo tratan temas sociales o morales. Por eso resulta tan llamativo el hecho de que Matute señale como su predilecto a una obra ambientada en un periodo histórico indefinido y semejante a la Edad Media, repleto de magia y seres fantásticos.

Olvidado rey Gudú es un libro de fantasía épica, aunque a la crítica le cueste aceptarlo. Está ambientado en una nebulosa y misteriosa Edad Media, hay magia, trasgos, ondinas, hechiceros, guerreros. Narra la historia de un reino, el de Olar, y de una dinastía a través de sus diversas generaciones. Hay conquistas, guerras, complots para hacerse con la corona, maldiciones. Si esto no es un libro de fantasía épica, Gollum se puede quedar con todos mis anillos. La ‘crítica seria’ parece evitar esta denominación, pero hay que aceptar que esta exquisita novela se ajusta a los cánones de un subgénero tan poco valorado por los estándares de “la alta literatura”.

En Olvidado rey Gudú se nos cuenta la historia del Reino de Olar, un reino forjado sobre la ambición, el egoísmo, la brutalidad y algún golpe de suerte. Lo que comenzó siendo un Condado, se vio convertido en reino. Sikrosio, rey de Olar e hijo del Conde Olar, es el fundador de una dinastía cruel y bestial. El reino avanza a trompicones, apoyándose en sucesivas guerras, e irá creciendo y creciendo hasta alcanzar su límite. La historia de Olar y sus reyes es la historia del hombre, de sus virtudes, sus pasiones, sus rencores y sus secretos. Su esplendor lo traerá el rey Volodosio (hijo de Sikrosio), en gran parte gracias a su casamiento con una astuta y desdichada niña sureña, que será conocida como la reina Ardid.

Aunque se nos relatan múltiples historias y los personajes que desfilan por estas páginas son muchos, me atrevo a decir que la protagonista de la novela es, en realidad, la reina Ardid y no su hijo, el rey Gudú. A Ardid la acompañaremos desde su infancia hasta su vejez y no nos equivocaríamos al declarar que es ella el desencadenante de la grandiosidad y de la ruina del reino de Olar. Se trata de un personaje trágico y lleno de matices y claroscuros. Aunque en general simpatizaremos con ella, en muchas ocasiones reprobaremos su comportamiento. A grandes rasgos, los personajes no solo están bien construidos (algunos, por supuesto, están dibujados con más detalle que otros) sino que la mayoría sufrirán cambios en su forma de ser y actuar o estarán torturados por algún tipo de conflicto que son incapaces de resolver o con los que deben intentar convivir.

Tenemos, por ejemplo, a Almíbar, hermano del rey Volodosio e hijo de un hada, al que contemplaremos sufrir por un amor no correspondido. También tenemos al Trasgo, una criatura mágica aficionada al vino y al amor de los humanos, lo que hará que le crezca un racimo de uvas en el lugar del corazón. Otra historia triste es la de la Ondina, que acepta un trato para convertirse en humana y poder disfrutar del amor y el sexo con los jóvenes humanos y que comete el mayor error que puede cometer una criatura mágica: enamorarse. Como puede verse, en la novela no escasean las historias de amor trágicas, como las de los príncipes Predilecto y Tontina, pero tampoco está falto de sangre, cabezas cortadas, salvajismo y sinsentido. Todos los reyes de Olar, desde Sikrosio a Gudú, pasando asimismo por los hijos bastardos, serán una muestra magnífica de ímpetu guerrero, ferocidad y barbarie.

De esta manera, en la novela encontremos tanto un estilo exquisito y cuidado para transportarnos a ambientes fantásticos y de cuento de hadas, como un estilo más práctico y descarnado para hablarnos de la guerra y su dureza. Siempre y en todo caso, la manufactura es excelente y en muchos de los pasajes nos acercaremos a una prosa poética bastante elaborada (además de las hermosas imágenes que Ana María Matute consigue transmitirnos a lo largo de la novela).

El espacio será también muy importante. Cada punto cardinal representa un concepto, es la búsqueda de una idea determinada. Sikrosio, el primer rey, vivía ignorante de lo que existía a su alrededor: su mundo era sumamente estrecho. Por eso la conquista es también una forma de conocimiento en Olvidado rey Gudú. El oeste es el mundo conocido. El norte es el mundo mágico. Allí se encuentra el Lago de las Desapariciones. El Sur es la civilización. Los pueblos del Sur contrastan enormemente con el reino de Olar. Es la cuna del refinamiento, la riqueza, el conocimiento y la cultura. El Este es lo desconocido, el territorio inexplorado, el desafío. En las estepas del este habita una terrible horda de salvajes, que despiertan terror en el reino. Otra constante en la dinastía es que todos los reyes de Olar se han sentido fatalmente atraídos hacia el este y sus gentes.

A través de estos apuntes ya se pueden vislumbrar cuáles son los temas principales tratados en la novela. Los dos más destacables, como en toda buena historia contada desde que el hombre es hombre, son el Amor y la Muerte o, lo que es lo mismo, el Olvido. Amor y muerte serán tratados en casi todas sus variantes y matices. Junto al amor, también se tratan el odio, la crueldad y la venganza. En el personaje de Ardid veremos entremezclados amor y odio y finalmente comprobaremos cuál de los dos es más fuerte. Otro binomio de relevancia es el que va a establecerse entre lo conocido y lo desconocido, entre la ignorancia y el descubrimiento. Este ansia de saber, de conquistar, es lo que mueve a los reyes de Olar a iniciar sus guerras. El poder, la brutalidad, la imposición de la fuerza serán igualmente temas recurrentes a lo largo de la novela (en sus historias sobre la guerra civil, Ana María Matute también saca a relucir esta faceta del ser humano). Estos rasgos van a concentrarse principalmente en los reyes y sobre todo en sus detestables parientes, ya sean hijos bastardos o hermanos (como los gemelos Ancio y Cancio, o los hermanastros Sirko y Roedisio). Otro de los temas recurrentes en la autora es el paso de la infancia a la adultez. Esta transición está representada por el personaje de Tontina, una princesa de tan noble abolengo que parece sacada de otro mundo. Cuando es designada para desposarse con el rey Gudú, se muda al reino de Olar junto a su cohorte infantil. Dedica todo su tiempo a juegos tan encantadores como incomprensibles y su entrada en el mundo adulto es repentina y traumática, como sucede con otros personajes de la autora. El paso del tiempo, la vejez, pasado y futuro, Historia, son otros de los temas en los que se hace hincapié.

En definitiva, Olvidado rey Gudú es una novela magnífica y que puede disfrutar cualquier tipo de lector. Quizá las primeras páginas son algo menos cautivadoras, pero las 900 que forman la novela se devoran en un suspiro. Después de todo, como cualquier novela que se precie, nos está hablando de la condición humana y por eso constituye un cuadro tan completo de pasiones y personalidades. Por eso siempre que puedo lo recomiendo, con la esperanza de que mi mensaje no caiga en el olvido.

Mapa del reino de Olar
El reino de Olar. El tan característico mapa de las novelas de fantasía épica.

También pueden leer esta reseña en la revista Hello Friki

“La canción de Cazarrabo”, de Tad Williams. Fantasía épica y gatitos.

¿Te has preguntado alguna vez cómo sería El señor de los anillos protagonizado por gatitos? Algo parecido, aunque en muchas menos páginas, sucede con La canción de Cazarrabo. Aunque es un libro del 85 y algo difícil de encontrar, creo que merece la pena conocerlo considerando que es de lo más original que podemos leer en el género de la fantasía épica.

Nuestro protagonista es Fritti Cazarrabo, un joven gato que habita en las cuevas de M’an (es decir, en una casa). La Comunidad está preocupada porque desde hace un tiempo están desapareciendo gatos misteriosamente. Cuando Pata Suave, la gatita de la que Fritti está enamorado, también se esfuma como por arte de magia, nuestro héroe emprende una búsqueda que le llevará mucho más lejos de lo que había imaginado.

La Canción de Cazarrabo es, en realidad, un viaje de la infancia a la madurez. A través de numerosas aventuras Cazarrabo pasará de un tímido y torpe gato cazador a un valiente gato visionario.

Lo más destacable de esta obra de Tad Williams es la “mitología gatuna” que impregna desde la primera hasta la última página. Los gatos tienen sus propios padres creadores y su propia versión del origen del mundo. Para la Comunidad son muy importantes las leyendas que se reúnen para contar cada noche. Los miembros más respetados son los Visionarios (Oel-var’iz), aquellos capaces de interpretar los sueños y ver lo que los demás no pueden. Otro de los méritos del libro es que los gatos son gatos y hacen cosas de gatos- no se los humaniza hasta el punto de perder esta noción.

Los felinos poseen incluso su propio lenguaje (por ejemplo, hola es nre’fa-o), aunque todas las especies pueden entenderse gracias al Canto Común. Los otros animales del bosque se convierten también en razas mitológicas: los perros, sus ancestrales enemigos, o los Rikchikchik (también llamados ‘Chillones´), las ardillas.

Los nombres son una parte esencial en la vida de un gato, porque tienen que ver con su identidad, con lo que son. Existen dos tipos de nombres: el nombre de cara, que utilizan para relacionarse con los otros gatos, y el nombre de cola, que es secreto y responde a su ‘verdadero yo’. Así, tenemos nombres de cara como Cazarrabo (el rabo es la parte del cuerpo que representa lo místico y lo sobrenatural), Comebichos, Saltarín, Fela Danzacielos, Barba Cerdosa, Saltanubes, Bigotes Tristes o Ronroneo Feroz.

Los gatos son seres independientes, libres, misteriosos y mágicos. Su independencia y libertad es algo que defienden con garras y dientes. De hecho, cuando Fritti viaja a la corte de los gatos (el Primer Hogar, donde reside la reina) le parece que es antinatural que tantos gatos vivan juntos, como si fueran hombres. El antagonista de la historia atenta precisamente contra la libertad de los az-iri’le (es decir, la Comunidad de gatos). Sin adelantar acontecimientos, podemos decir que el villano es de lo mejor del libro: produce una sensación de asco y miedo a la vez.

En definitiva, se trata de una novela de fantasía épica, con su mapa incluido, entrañable y original. Aunque en ocasiones el viaje de Cazarrabo puede resultar un tanto largo y la trama y los personajes son más bien sencillos, respondiendo a todos los tópicos del género, La Canción de Cazarrabo es una lectura, como poco, entretenida. Por otro lado, si eres un verdadero amante de los gatos y, además, un fan de la fantasía épica, este es un libro que no puede faltar en tu estantería, cu’nre (hermano de corazón, amigo).

El mapa del mundo de Cazarrabo

Pueden leer la reseña en la revista Hello Friki: www.hellofriki.com

“Fahrenheit 451”: la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde.

Ray Bradbury falleció el 5 de junio a los 91 años. En Fahrenheit 451, Bradbury decía que todo hombre debe dejar algo en el mundo: un hijo, un libro, un cuadro… Algo que poseyera un toque personal y único, un sitio al que el alma pudiera regresar después de la muerte. Por eso pienso que la mejor forma de recordar a un escritor como él es hablando de uno de sus libros. En este caso, su novela Fahrenheit 451.

Fahrenheit 451 es la historia de un hombre que vive cercado por su propia ignorancia, la historia de un inconformismo que termina convirtiéndose en rebeldía.

Montag, el protagonista, es bombero. Según la guía, los bomberos se establecieron en 1790 para quemar los libros de influencia inglesa de las colonias. El primer bombero fue Benjamin Franklin. Ya nadie recuerda que en otro tiempo apagaban incendios. Ahora, el cuerpo de bomberos se dedica a quemar las casas en las que encuentran libros. Los hombres que pasean, que charlan, que se detienen, son sospechosos. Un ciudadano normal conduce a 160 kilómetros por hora, trabaja, pasa su tiempo viendo la televisión, canturrea el nuevo anuncio de Dentífrico Denham. Eso es lo que los hace felices. Ser feliz es lo más importante. Pensar es malo. La gente no necesita estar preocupada. En palabras del Capitán Beatty, los bomberos son los Guardianes de la Felicidad.

Sin duda lo más interesante de Fahrenheit es el planteamiento del autor, sus reflexiones acerca de una sociedad futura muy similar a la nuestra. La prosa está cuidada y el ritmo de la novela es bastante ágil. Algunos puntos flacos podrían ser que varios monólogos de los personajes no son del todo pertinentes, ya que se utilizan a modo de explicación, y que el final resulta un tanto apresurado. No obstante,  lo verdaderamente relevante es la crítica o, más bien, la advertencia que se nos hace acerca del futuro.

En la distopía de Ray Bradbury la sociedad está dominada por la apatía. Nadie quiere saber nada. La mayoría ha renunciado voluntariamente a la Filosofía, la Política, la Literatura. Buscan consuelo en el zumbido constante de las pantallas, en el discurso sin sentido de los presentadores de televisión. Los bombarderos que surcan el cielo no le importan a nadie. Nadie se hace preguntas. Los ciudadanos han elegido el camino más fácil. Sus vidas son cómodas. Sin embargo, no son felices. Los intentos de suicidio son tan comunes que los atienden meros operarios. Los jóvenes buscan diversión en el asesinato. Se trata de una sociedad enferma de banalidad y conformismo.

Fahrenheit nos habla del peligro del triunfo de la mediocridad y la uniformidad. “Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales. Entonces, todos son felices, porque no pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables”. La mayoría es una animal estúpido y bestial. “¡La terrible tiranía de la mayoría!”. Los pocos hombres sabios son descritos en el libro como una “extravagante minoría que clama en el desierto”. La ciudad representa esa realidad inventada en la que se vive, ese sueño de colores del que solo algunos, como Montag, consiguen despertar.

La tecnología es criticada solo por constituir el medio que permite mantener a los ciudadanos atrapados en esa telaraña de absurdos y trivialidades. El ocio de hombres y mujeres se ha plagado de películas vacías y vulgares, de espectáculos y retransmisiones deportivas. La vida hay que vivirla deprisa, moverse continuamente, de manera que nadie tenga tiempo para pensar. No hay tampoco lugar para el dolor. La muerte no se ve. No se llora por nadie. La única ‘familia’ es la familia que te habla directamente desde la pantalla, mientras permaneces sentado en tu “sala de estar”.

Lo más grave es que a este juego de ilusiones se han prestado todos de buena gana. Beatty, el Capitán de los Bomberos, dice que no hubo ninguna imposición ni censura por parte del Gobierno. A los ciudadanos simplemente hay que “darles la sensación de que piensan”. En el libro, una mujer se jacta de haber votado a un candidato a la presidencia, porque era guapo, mientras que el otro era feo y parecía desarreglado.

El fuego y su simbología van a jugar un papel importante a lo largo de la novela. Se utiliza para destruir, pero también para purificar (“Quemémoslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio”). El fuego incinera todo lo desagradable: los libros, los cadáveres. Pero también calienta y permite nuevos inicios. Además del número 451, en los uniformes de los bomberos luce la imagen de un fénix, ave mitológica a la que uno de los personajes se refiere de la siguiente manera: “Hubo un pajarraco llamado Fénix, mucho antes de Cristo. Cada pocos siglos encendía una hoguera y se quemaba en ella. Debía de ser primo hermano del Hombre. Pero, cada vez que se quemaba, resurgía de las cenizas, conseguía renacer. Y parece que nosotros hacemos lo mismo, una y otra vez, pero tenemos algo que el Fénix no tenía. Sabemos la maldita estupidez que acabamos de cometer”.

La pregunta fundamental es ¿por qué son los libros odiados? ¿Por qué son una amenaza? ¿Qué hay en ellos que los hace temibles? Los libros intentan unir los distintos aspectos del universo para formar un conjunto con sentido. Nos muestran “los poros de la vida”, sus detalles y claroscuros. Un televisor es ‘real’, inmediato, nos dice lo que debemos pensar sin darnos tiempo a responder. El libro podemos cerrarlo, decirle que espere, replicarle. “Los libros están para recordarnos lo tontos y estúpidos que somos”.

La sociedad de Fahrenheit es una sociedad sin cultura, sin historia, sin recuerdos. Una sociedad anestesiada y amnésica. Por eso, cuando la guerra termine con su adormecimiento, serán los hombres-libro los encargados de recordarles quiénes son.

Esta magnífica novela de Ray Bradbury nos impele a descorrer el velo del conformismo, a pensar, a separarnos de la mayoría, a evitar los espejismos de los mass media y a dudar y a hacernos preguntas constantemente. Como reza la cita de Juan Ramón Jiménez inserta al principio del libro: “Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado”.

De esta manera, si algún día hay una guerra civil y los gobiernos nos atontan con programas de televisión y los libros arden a 451 grados Fahrenheit, estaré preparada. Me transformaré en una mujer libro y siempre llevaré conmigo un pedazo de la novela de Ray Bradbury, por si algún día alguien, en algún lugar, la necesita.

También pueden leer esta reseña en la revista Hello Friki: http://hellofriki.com/literatura/libros/fahrenheit-451/resenya

“Piezas desequilibradas”, de Darío Vilas

Piezas desequilibradas es una tambaleante armazón de 11 relatos de terror compuestos por la mente retorcida de Darío Vilas. Aunque se publicó en 2011, recientemente la editorial 23 escalones ha sacado una versión para Kindle por menos del euro que cualquiera se atreve a pedirnos por la calle. Se trata de una editorial joven y con muchas iniciativas, a la que vale la pena echarle, más que un vistazo, una mirada larga y penetrante.

Las diversas narraciones de este libro de relatos (es decir, las distintas piezas de este puzle sin sentido) son “desequilibradas” por dos motivos. En primer lugar, es clara su referencia a la locura, estado mental del que pueden enorgullecerse muchos de los protagonistas. Por otro lado, los relatos son desequilibrados porque, aunque enmarcados en el género de terror, las temáticas y los puntos de vista van a variar mucho entre unos y otros. No todos tienen la misma calidad ni la misma extensión y, sin duda, no todos van a impactarnos por igual. En este sentido, podemos afirmar que la unidad de los relatos es más bien poca, si bien es cierto que el autor ya nos lo advierte desde el mismo título. No obstante, esta variedad puede resultar un plus para algunos lectores.

El título que da nombre a la obra es también el del primer relato, quizás el mejor de los once. Sus personajes pueden presumir también de ser unas ‘piezas desequilibradas’, que no encajan en el rompecabezas de la sociedad. El autor nos engancha enseguida. Distinguimos la fórmula del éxito desde las primeras líneas: violencia y sexo. Marcos, el torturado protagonista, es brutal a la vez que tierno y tiene una relación más que complicada con la despampanante Maite. Se trata de la misma fórmula de la bella y la bestia que utilizó Frank Miller con Marv y su Goldie en Sin City. Marcos es un ser excepcionalmente fuerte, honorable a su manera, con una ocupación poco convencional: cazar vampiros. A esto hay que añadir que el relato está contado en primera persona, con el estilo inconfundible de una novela negra. Lo malo es que uno se queda insatisfecho, con la sensación de que debería ser más largo.

El resto de narraciones tratarán temas tan diversos como el exorcismo, el asesinato, el terror sobrenatural o los fantasmas. “Una luz al acecho” y “Yo (y el autobús nº 4)” nos muestran un ambiente sórdido y crítico. Tanto en “Una luz al acecho” como en “La muerte imita al arte” el afán artístico de los personajes principales tendrá un macabro desenlace. También podemos encontrar historias de fantasmas, de un corte algo más clásico, en “El diario de Silvia”, “1 minuto y 35 segundos” o “La Bruja lusa”. Además, es notable el sentido del humor de alguno de estos relatos. “¿Quedamos?”, por ejemplo, es una narración sobre el acoso bastante divertida. “El Demonio, Charles y Selvakumar”, dejando a un lado la sangre y la muerte, es en realidad una historia enternecedora sobre dos hermanos. Tropezamos con algo de terror sobrenatural en “Voluntad bajo cero”, donde el frío va adueñándose poco a poco de una casa y sus habitantes, al igual que en “Purpúrea cicatriz”, cuya lectura deja un regusto lovecraftiano.

En definitiva, Piezas desequilibradas es un libro por el que se pueden ver desfilar yonquis, fantasmas, asesinos, locos, embalsamadores y muchos cadáveres. Tampoco faltan los tópicos del género, como los e-mails en cadena o los bebés diabólicos. Este conjunto demencial de elementos terroríficos nos conduce al desequilibrio que, tarde o temprano, todos acabamos encontrando en nuestras vidas.

 

Esta reseña también puedes verla en la revista Hello Friki: http://hellofriki.com/literatura/libros/piezas-desequilibradas/resenya

¡Échale un vistazo!

Universo Jason

Hoy es un día importantísimo en mi vida: creo que ya sé quién es mi autor de cómics favorito. El elegido es (redoble de tambores) John Arne Sæterøy, más conocido- por razones evidentes- como Jason.

Jason nació en 1965 en Noruega, aunque actualmente reside en la ciudad francesa de Montpellier, donde desarrolla su actividad artística. Ha sido nominado a varios premios y obtenido otros tantos, como el premio Harvey a autor revelación.

Su estilo es muy particular. Sus personajes antropomórficos (perros, conejos, pájaros) apenas hablan, son sobrios e inexpresivos. Por eso sorprende la capacidad  del autor para narrar una historia sin necesidad de palabras y también su especial sentido del humor. Sus guiones son siempre amenos y originales. Es una lectura que recomendaría a cualquier persona que me cayese bien.

A continuación dejo una pequeñísima reseña de cuatro de sus obras, ordenadas y clasificadas según mi preferencia personal.

1-      Yo maté a Adolf Hitler

Puntuación: 5/5 arco-iris

El protagonista de este cómic es un asesino a sueldo que es contratado por un científico para matar a Adolf Hitler en el pasado. Sin embargo, no todo sale como se había planeado y las vidas de nuestros personajes cambiarán para siempre. El guión está maravillosamente construido y todas las piezas de la historia encajan a la perfección. Aún me asombra cómo se puede contar tanto con tan poco.

2-      No me dejes nunca

Puntuación: 5/5

Ernst Hemingway, Scott Fitzgerald, James Joyce y Ezra Pound viven en París y se dedican a dibujar comics. Apenas les da para mantenerse y llevan una existencia un tanto penosa, dedicados a lo único que, por desgracia, saben hacer: escribir historietas. Por eso deciden atracar un banco.


3-      Los hombres lobo de Montpellier

Puntuación: 4/5

Sven se dedica a robar en casas por la noche. Se disfraza de hombre lobo para asustar a los inquilinos si llegan a pillarle, y así obtener unos momentos de ventaja para huir. No obstante, a los auténticos hombres lobo que habitan en Montpellier no les conviene la publicidad que el ladrón les está dando y deciden hacer algo al respecto.

4-      El último mosquetero

Puntuación: 3/5

Athos es el único de los tres mosqueteros que, cuando está sobrio, sigue defendiendo el lema de “Todos para uno y uno para todos”. La inmortalidad no es un consuelo en el mundo moderno, donde ya no puede ser un héroe. Por suerte, el destino le depara una última aventura: salvar a Francia (y al planeta Tierra, pero sobre todo a Francia) de la invasión de unos marcianos.

En definitiva, Jason es una lectura altamente recomendable. Además, los tomos son historias independientes y se leen en dos pestañeos. Así que si un día deambulan por su tienda de cómics sin saber qué comprar, denle una oportunidad.

Me despido con este Autorretrato que me he dibujado, al estilo de Jason.


Día internacional del libro infantil y juvenil: “Las brujas”

Hoy, 2 de abril, se celebra el Día internacional del libro infantil y juvenil, coincidiendo con la fecha de nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen. Voy a aprovechar la ocasión (*ruido de matasuegras*) para recomendar algunas lecturas que me marcaron tanto en mi infancia como ya de adulta. Muchos de los libros catalogados como “infantiles/juveniles” se disfrutan más cuando uno crece, como me parece que es el caso de El principito de Antoine de Saint-Exupéry (que de pequeña me habría aburrido soberanamente). El hecho de que una historia tenga como protagonistas a niños o que intente recrear el mundo infantil no quiere decir necesariamente que esté dirigida a un público de 0 a 12 años. Pero centrémonos en lo que importa: los libros.

Me gustaría hablar de muchos,  pero como las entradas largas nunca triunfan, voy a centrarme en  Las brujas de Roald Dahl. Los relatos del autor británico son siempre originales y divertidos. Para mí ha sido uno de los mejores escritores del género. Las brujas está contada desde el punto de vista del niño, nuestro protagonista. Él y su astuta abuela deben evitar que las brujas, ocultas bajo la apariencia de señoras corrientes, lleven a cabo el plan que han expuesto en su convención anual para aniquilar a todos los niños del mundo. Su abuela, que de niña vivía en Noruega, el país del que provienen las primeras brujas (los padres de Roald Dahl eran noruegos), sabe perfectamente cómo reconocer a una. Conoce muchas historias verídicas de niños desaparecidos (mi preferida es la de la niña a la que encierran en un cuadro) y, es más, ella misma perdió el pulgar de pequeña, cuando logró escapar de una bruja. Una de las partes que más me gustan de este libro, y de las que puedo hablar sin hacer mucho spoiler, es el tercer capítulo, donde se da una caracterización de las brujas para que podamos diferenciarlas de una mujer normal. Copio estos rasgos a continuación, por si a alguien llegaran a hacerle falta alguna vez:

–          Una BRUJA DE VERDAD siempre lleva guantes porque en lugar de uñas tiene garras como las de los gatos.

–          Son calvas como un huevo duro. Por eso siempre llevan pelucas de gran calidad que producen que el cuero cabelludo les pique continuamente. Las brujas lo llaman “erupción de la peluca”.

–          Tienen los agujeros de la nariz ligeramente más grandes para oler mejor, porque su olfato es asombroso. Por este motivo no es conveniente que los niños se bañen muy a menudo, para tapar su olor.

–          En los ojos de una BRUJA DE VERDAD puede verse el fuego o cielo bailando en la pupila.

–          No tienen dedos en los pies, anchos y cuadrados. Por eso los zapatos siempre las molestan.

–          Su saliva es azul como los arándanos, por eso nunca escupen en público. A veces la usan para escribir.

Las brujas de Dahl dan verdadero miedo, pero nuestros protagonistas no se rendirán nunca, a pesar de las dificultades y las consecuencias. Es una historia amena, a veces inquietante, y con un final agridulce. En 1990, precisamente el año de fallecimiento del autor, se estrenó en el Reino Unido la película, que optó por un final mucho más alegre que el del libro. Ha sido una de mis películas predilectas desde la infancia, y también una de las que más miedo y fascinación me han causado. Quizá de aquí proviene el encanto que ejercen sobre mí las brujas: desde chiquita, coleccionaba figuritas de brujas, dibujaba brujas, quería hacer de bruja en todas las historias y mi risa de bruja no podía compararse a la de ninguno de mis primos. Creo que Macbeth es mi obra favorita de Shakespeare solo porque salen brujas. Por aquí dejo un enlace a YouTube sobre la película, para quien guste (spoiler alert!): http://www.youtube.com/watch?v=nAHf3boxBk4 .

Como sucedió con Las brujas, muchas de las obras del autor han sido adaptadas luego al cine, véase: Charlie y la fábrica de chocolate (una de 1971 y otra de 2005), Matilda, Fantástico Señor Fox o James y el melocotón gigante.

Me gustaría hablar más de Roald Dahl y de muchos otros libros. No obstante, me contentaré con mencionar algunos de mis libros de infancia y juventud.

–          Michael Ende: La historia interminable, Momo.

–          Philip Pullman: La trilogía de La materia oscura (juvenil).

–          Neil Gaiman: Coraline.

–          Por último, de los cuentos de Andersen, ya que a él debemos la fecha, el que se ha ganado mi corazón es La sirenita (más crudo y poético que la versión de Disney).

¿Cuáles son los libros que marcaron su infancia?

¡A celebrarlo leyendo!