Tetas y videojuegos

Seguro que a nadie le extraña que escriba una entrada sobre tetas. Las tetas, al fin y al cabo, son materia de interés para una gran parte de la humanidad. Sin embargo, puede resultarles más singular la combinación entre tetas (pechos, mamas, senos, busto, peras) y videojuegos. Por consiguiente, pienso que quizá merezcan una explicación.

El principal motivo por el que escribo esta entrada es para ver si consigo chinchar a alguien. Pero de paso voy a intentar hablar de algunos otros temas. Aunque tomaré ejemplos de videojuegos, lo cierto es que con este artículo también voy a referirme al cine y a la literatura. De este modo, y para entendernos, lo aquí dicho sobre las tetas y los videojuegos puede aplicarse a las tetas y cualquier otra cosa.

Puede que muchos de ustedes ya estén familiarizados con la polémica de Anita Sarkeesian. Yo no voy a hablar aquí sobre ella y si alguien está interesado siempre tiene la opción de googlearlo. Básicamente, y para resumir, esta mujer se queja de que la mayoría de los videojuegos son machistas porque los personajes femeninos sufren, por expresarlo de alguna manera, una “sexualización sistemática”. Es decir, que son personajes estereotípicos: la mujer putilla, la lolita, la dama en apuros. En fin, nada con lo que no estemos familiarizados. Sarkeesian tiene su parte de razón y no voy a ser yo quien se la quite. No obstante, su postura es exacerbada.

Desgraciadamente, las “feministas” dicen muchas tonterías. Y lo pongo entre comillas porque a día de hoy, a pesar de la definición de la RAE (“doctrina social favorable a la mujer a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres; movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres), no sé qué es una feminista ni cuáles son exactamente los valores que defiende. Es normal que mi inquietud crezca ante este término cuando las mayores patrañas y sandeces sobre las féminas las he escuchado en bocas de mujeres y hombres que se autodefinen como feministas.

Así pues, demos comienzo a esta malévola lista de agravios.

Una de las primeras simplezas (o repampanochas) que podemos escuchar al abordar este tema es que “los videojuegos no son —o peor, no ‘están hechos’— para mujeres”. No voy a meterme en estadísticas de cuántas mujeres juegan a los videojuegos ni me voy a poner a hacer matices de que solo nos gustan el Tetris y el Pet Society. A continuación voy a exponer una apreciación personal. De pequeña, cuando jugaba con mi Sega y mi Game Boy, jamás tuve la impresión de que los videojuegos eran solo para los niños. Sí que me rondaba la noción de que los coches eran solo para los niños. De esa sí me acuerdo.  Me aventuro, pues, a pensar que esa apreciación de que “los videojuegos son para hombres” proviene de la edad adulta. Conozco a pocas personas (hombres y mujeres) de 40 años que jueguen a los videojuegos. Y es verdad que al llegar a los 30, conozco a muchos más hombres que mujeres que juegan a los videojuegos (y todo esto teniendo en cuenta que mi muestra puede no ser para nada representativa). Incluso en la veintena podría decir lo mismo. Eso sí, no conozco a más niños que niñas que jueguen. Mi primito y mi primita se pelean por la Wii con la misma saña. Puede ser que los videojuegos todavía estén considerados (muy erróneamente) una ‘actividad infantil’. Sucede con todo tipo de juegos y con los juguetes en general, como si los adultos no tuviéramos derecho a divertirnos. Si esto es así, puede que los hombres continúen jugando cuando las mujeres lo han dejado porque “han tenido menos prisa en incorporarse al mundo adulto”. Y entiéndanme bien. Está mal tener prisa por incorporarse al mundo adulto (tener prisas no es algo bueno). Imagínense a esa niña de 11 años que intenta vestirse como Britney Spears y que se pasa el día pintándose las uñas para ver si se echa un novio de 15 que esté a su altura, porque los de su clase todavía juegan a los tazos. Eso es a lo que más o menos me refiero. Claro que no todas las niñas son así, pero es un estereotipo al que muchas jovencitas intentan amoldarse. Y si no que me expliquen a qué tanta Hannah Montana. Por otro lado, además de considerar los videojuegos como “algo de niños”, la diferencia generacional puede ser importante. Una mujer de 30 y muchos puede que nunca tuviera un acercamiento a los videojuegos cuando era pequeña como sí lo tuve yo. Seguramente los hombres de 30 y muchos no se criaron jugando a las consolas, sino que realizaron un acercamiento posterior. Evidentemente, habrá multitud de casos que me contradigan, pero pienso que podría acertar con estas dos apreciaciones generalizadas.

A raíz de la primera pamplina (“los videojuegos no son/están hechos para mujeres”), surge la también notable estupidez de “vamos a hacer videojuegos para mujeres”. Y lo peor de todo es que esto ha salpicado también a las inocentes niñitas, que han tenido que vivir el fenómeno del Cooking Mama: videojuegos “para niñas” que, por supuesto, van sobre ser mamá, cocinar, ir de tiendas o maquillarse. Cuando yo era pequeña no existía la aberración de “los videojuegos para niñas”. Y aún así, hay que matizar. El problema no está en que hagan un Cooking Mama. Habrá a quien le guste. El problema está en que digan lo siguiente:

1) que los Cooking Mama son solamente para las niñas. ¿Es que nadie piensa en los niños que quieren jugar a las cocinitas?

2) que las niñas únicamente pueden jugar a juegos especiales para ellas, como el Cooking Mama. Todos los demás no son aptos, así que pueden ir olvidándose de jugar al Fifa por mucho que quieran.

Lo mismo puede aplicarse en el caso de las mujeres adultas. ¿Qué es eso de “videojuegos para mujeres”? ¿Por qué no pueden gustarnos los videojuegos normales? ¿Y qué es lo que se supone que nos gusta a las mujeres? ¿Ir de compras? ¿Y si a mí me aburre mortalmente ir de compras? ¿Entonces ya no soy una mujer? Porque al menos eso es lo que me dan a entender.

Otra cosa distinta es que muchos videojuegos estén protagonizados por hombres en lugar de por mujeres (cosa que ha ido cambiando). La mayor parte de los libros que leía también estaban protagonizados por hombres y eso no me hacía pensar que la literatura no fuese para mí. En los libros también hay figuras femeninas pobres, secundarias o estereotipadas (hola Hemingway) pero eso nunca me dio a entender que no pudiera leer libros yo también, o que tuvieran que hacer libros especiales que yo, como mujer, pudiera leer. El hecho de que los protagonistas sean masculinos no excluye a la mujer, al menos no como jugadora. Sin embargo, considero positivo que se estén incluyendo cada vez más protagonistas femeninas (muchos videojuegos dan incluso la opción de elegir el sexo). A mí suele resultarme más fácil identificarme con una protagonista femenina. Quizás por eso dos de mis videojuegos favoritos (de los que marcaron mi pubertad) tienen como protagonistas a dos mujeres. Uno de ellos es la aventura gráfica para PC The Longest Journey y el otro es (sí) Tomb Raider.

Creo que Tomb Raider es precisamente uno de los videojuegos más vilipendiados por los “gamers feministas”. Y todo porque la pobre mujer tiene los pechos grandes y lleva pantalón corto. En la última versión, de hecho, han conseguido alargárselo.

Evolución de Lara Croft

¿Por qué es “machista” Tomb Raider? Yo jugaba a Tomb Raider cuando todavía no había sido expuesta al discurso feminista alrededor de este juego y es así como lo veía: Lara Croft era “súper guay”. Era una mujer independiente que sabía pelear, disparar y trepar. Además era arqueóloga y muy lista, porque resolvía misterios y encontraba tesoros. Sin mencionar que tenía una pedazo de mansión y un mayordomo. ¿A qué mujer no le gustaría ser todas esas cosas? Nunca me pareció relevante el hecho de que fuera en camiseta de tiros y pantalón corto. Jamás me importó ni cambió la percepción que tenía del personaje. Poco me paraba a pensar si era guapa (supongo que, al fin y al cabo, nunca me atrajeron mucho las tetas).

Por supuesto, podrían haber diseñado a Lara Croft de otra forma. Podría haber sido delgada y sin pecho. Podría haber ido vestida con un mono azul. Si hubiera sido bajita y gorda me habría parecido menos creíble, claro. El caso es que admito que no es necesario que Lara Croft tenga un busto tan generoso, pero (y he aquí la cuestión) tampoco sucede nada porque tenga los pechos así. ¿Mejoraría acaso el personaje de Lara Croft si la sometemos a una reducción de mamas? Lara es mucho más que unos pechos y nos lo había demostrado en todas sus aventuras.

Obviamente, la figura de Lara Croft resulta atractiva. El sexo vende. ¿Cuántas actrices feas protagonizan las películas taquilleras de Hollywood? El sexo vende y es fácil (“me lo quitan de las manos”, vaya). Es muy sencillo utilizarlo como gancho, tal y como yo he hecho al poner título a esta entrada. La publicidad está llena de sexo. Las películas lo están. La literatura lo está. Se debe a que el sexo nos gusta a todos, y eso está bien. A las mujeres también nos gusta el sexo. Por eso me molesta tremendamente que los hombres crean que hay que convencernos para tener sexo, generando intrincadas técnicas de ligoteo. Nada demuestra mejor que las mujeres están hambrientas de sexo como el reciente éxito de la saga 50 sombras de Grey (sin entrar a discutir la calidad literaria de dicha obra). Sexo en Nueva York también se nutre de esas ganas de las mujeres de consumir sexo (sin entrar en la contradictoria y nefasta visión, supuestamente “feminista”, que da la serie sobre la mujer). Continuando con el mundo de los videojuegos, incluso podría alegar que Kratos está buenísimo a pesar de su calvicie y que también va en paños menores. ¿Los hombres se sienten ofendidos si digo eso? Si la respuesta es no, ¿por qué las mujeres tendríamos que ofendernos cuando alguien expresa que Lara Croft está de buen ver? Me niego a hablar de envidia entre nosotras, porque eso no sería más que asentar otro estereotipo sobre las mujeres.

Es cierto que tanto en los videojuegos como en el cine suele “sexualizarse” más el cuerpo femenino. Los señores de sombrero de copa están empezando a darse cuenta ahora de que a las mujeres también les gusta el sexo y de que también quieren cuerpos de tíos buenorros. Como Thor, por ejemplo. O el Kahl Drogo.

Otra cuestión es que Thor, además de ser un tipo muy guapo, sea un personaje interesante. No es incompatible, pero a menudo no es una combinación que encontremos ni en la gran pantalla ni en los videojuegos. Obviamente, a Lara Croft deshacerse del escote o convertirse en una chica fea no la va a volver ni más inteligente ni más profunda. Entonces, ¿por qué los personajes no son interesantes? ¿Por qué son tan planos? La respuesta es sencilla y triste. Los videojuegos están mal escritos. Los personajes están mal construidos. Es mucho menos complicado hacer a un personaje “sexy” o coger a un actor guapo que sentar a un par de escritores a una mesa a pensar en trasfondos e historias interesantes para los personajes. Quién sabe. Tal vez es un esfuerzo que a los hacedores de videojuegos, películas y libros (de los del montón) simplemente no les vale la pena porque saben que van a vender igualmente con el mero hecho de que sus personajes sean atractivos y digan un par de frases carismáticas, aunque en el fondo estén más vacíos que la Universidad un viernes.

Los personajes masculinos de los videojuegos también están mal escritos y son estereotípicos. La relativamente joven industria del videojuego aún tiene mucho que aprender del cine y la literatura, disciplinas en las que podemos encontrar más calidad con mayor frecuencia. La pregunta en todo caso sería si escribir personajes femeninos es más difícil que escribir personajes masculinos. Debido a los roles tradicionales de los que al parecer aún estamos intentando deshacernos, la figura de la mujer está cargada quizás de más prejuicios (si bien tal vez podrían resumirse en “madre” y “puta”). La solución a esto será siempre la misma. Escoge a un buen escritor para tu videojuego, peli o lo que sea. Un buen escritor debería saber construir los personajes femeninos tan bien como los masculinos. O los transgéneros, si nos ponemos quisquillosos.

Desde este humilde blog pido un poco de comprensión para Lara Croft, que solo ha tenido la maldición de nacer rica, lista y guapa. Por mí, puede seguir teniendo los pechos igual de grandes.

Esta es April Ryan, la protagonista de The Longest Journey
Esta es April Ryan, la protagonista de The Longest Journey

Resumen navideño

He tenido una feliz Navidad, un buen día de Reyes y espero que sea verdad eso del próspero año 2013. Conseguí tragarme las doce uvas a tiempo, de manera que mis expectativas son altas. Por otro lado, he subido de nivel a mis pokémon, he leído un par de libros y visto unas cuantas buenas pelis en el cine. También he sobrevivido al fin del mundo y a numerosas cenas familiares. Por tanto, puedo considerar que estas han sido unas Navidades bastante intensas.

Hoy, día 7 de enero, puedo declarar oficialmente que HE VUELTO.

Sin embargo, mi ausencia navideña me ha privado de hablar de numerosos temas. Por ejemplo ayer, día de Reyes, podría haber escrito una entrada titulada “Juguetes para niños y juguetes para niñas”.

Me molesta tremendamente esa especie de empeño en diferenciar qué juguetes hay que regalarle a un niño y qué juguetes son los adecuados para una niña. No han sido pocas las veces que he escuchado a un adulto decir algo parecido a lo siguiente: “A Pedrito le han regalado una pelota, pero se ve que prefiere jugar con la Bratz de su hermana”. Esta declaración que, a primera vista, podría resultar inocente, en realidad está cargada de mucha hiel, prejuicios y mala baba. En primer lugar, podemos imaginar que ha sido pronunciada con un tono significativo y que el emisor del mensaje, seguramente, ha arqueado las cejas y asentido al menos dos veces con la cabeza. En segundo lugar, Pedrito tiene 4 años. Pedrito es poco consciente de la diferencia que los mayores hacen entre “las cosas de niños” y “las cosas de niñas”. Por no mencionar que Pedrito tampoco sabe que su tío lo acaba de llamar mariquita.

No olvidemos que son los padres quienes compran (y seleccionan) los juguetes de sus hijos. Si a una niña le regalas coches, es bastante probable que acaben gustándole, al igual que si todos los años le envolvieses una piedra en un bonito papel de colores y se la pusieses bajo el árbol desarrollará un gran amor hacia las piedras.

Es cierto que esto puede cambiar cuando el niño tenga diez años. Elige a un niño de once años cualquiera y regálale una Barbie, a ver qué cara te pone. Los padres no son la única fuente de información del niño. Hay otros chicos en el colegio, profesores. En todo caso, lo que no debemos olvidar es que si al niño no le gusta la muñeca es porque le han enseñado que eso no es un juguete para él. Estaría bien que dejáramos de sexualizar los juguetes. El día de Reyes me hace consciente de la cantidad de prejuicios que recibimos sobre la condición femenina y la condición masculina desde que somos pequeños.

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Dejando a un lado este tema, otra cosa que no he hecho en Navidad ha sido hablar sobre los estrenos. La entrada sobre El hobbit: un viaje inesperado pensaba titularla “Hobbitoneando”. La película de Peter Jackson, claramente, no es el libro de Tolkien. Pero a veces que una película no sea fiel al libro es, en realidad, algo bueno. El hobbit de Tolkien es un libro infantil y además (como solía pasarle a Tolkien) con mucha paja. Podríamos quitarle muchas páginas verdaderamente aburridas. Peter Jackson ha convertido El hobbit en algo más épico, más parecido a El señor de los anillos, aunque sin renunciar a cierto aire de cuento tradicional. De haberlo hecho de otra manera, habría perdido fanes. Por supuesto, habrá gente a la que no le haya gustado o que se entretenga en citar las numerosas licencias que se toma el director. El hobbit, en realidad, no es un libro especialmente bueno. Alguna pega, por supuesto, podemos ponerle al film. Por ejemplo, a mi modo de ver, la escena inicial de los enanos resulta demasiado larga. No obstante, creo que los aciertos superan los inconvenientes. Me pareció estupendo que nunca llegara a verse al dragón Smaug por entero, por mencionar algo más a su favor.

Otra película que me ha sorprendido gratamente y que sin duda se posiciona como mi favorita de estas Navidades ha sido Los miserables. No es habitual encontrarse en la cartelera una película basada en un musical de estas características. La escena inicial ya impresiona de por sí. Nunca pensé que Lobezno (Hugh Jackman) fuera capaz de emocionarme tanto. Russell Crowe es un excelente Javert. ¿Y Anne Hathaway haciéndome llorar? Jamás lo habría esperado. Por supuesto, la calidad vocal no es la misma que puede aportarnos un cantante de ópera. Pero los personajes ganan en otro aspecto: el de interpretación. La actuación es mejor de la que podemos esperar en el musical. La parte de las barricadas es la que resulta más lenta. Poco más puedo decir a parte de extraordinaria, genial, vayan a verla. Si no lloran más de una vez es que son unos “cachos de carne con ojos”.

Tampoco ha estado mal ¡Rompe Ralph!, una película entretenida y familiar con los videojuegos como trasfondo. Me llamó la atención que tuviese un aire tan retro. ¡Se desarrolla en unos recreativos! Tal como yo lo veo, hoy los recreativos solo se utilizan para vender droga o blanquear dinero.

Por desgracia no puedo viajar atrás en el tiempo y hablar sobre todo lo que no he hablado en su debido momento. Lo que sí puedo hacer es no dejar de hablarles a partir de ahora.

Nos veremos la semana que viene. Volveré.

Hoy, día de huelga general

Ya que hoy se ha convocado huelga general y ‘se ha parado el país’, bien podríamos pararnos a pensar.  A estas alturas, supongo que nadie duda de que España no vive precisamente uno de sus mejores momentos. Pero, ¿dónde radica el problema? ¿Por qué estamos pasándolo peor que otros países europeos? ¿Se trata de una crisis económica, política o social? ¿Es que acaso los españoles somos más estúpidos que los alemanes o los franceses? Si somos un poco observadores, podremos comprobar que no es la primera vez que España atraviesa una situación difícil. De hecho, el malestar social ha sido algo bastante común a lo largo de nuestra historia.

Con esta entrada (y es algo que me gustaría dejar claro) no pretendo llegar, la verdad, a muchas conclusiones. Mi intención es más bien abrir interrogantes. Con este objetivo voy a emplear un libro que me ha resultado útil por las muchas preguntas que me han surgido a raíz de su lectura, independientemente de si estoy o no más o menos de acuerdo con algunos de los planteamientos. Se trata de la España invertebrada de José Ortega y Gasset.

En este “ensayo de ensayo” (su autor lo consideraba un mero esbozo) José Ortega y Gasset va a desarrollar una serie de ideas que atienden a la concepción de España como problema.

En este libro, cuya continuación es La rebelión de las masas que se publicará con posterioridad, Ortega no propone una serie de pautas a seguir (puesto que no se trata de eso, sino de saber dónde se halla verdaderamente el problema de nuestra nación). Sin embargo, sí lleva a cabo un análisis riguroso del panorama español. Para abordar este asunto deja muy claro que lo acomete desde la historia, no desde la política, porque es donde se encuentra la ‘perversión espiritual’ de España. 

A continuación, voy a resaltar los puntos que me han parecido más interesantes. Para que resulte menos tedioso, intentaré ser breve. Sin embargo, pueden descargar mi resumen completo de España invertebrada (16 páginas) aquí > Resumen España invertebrada.

Es ya trabajo del lector reflexionar al respecto.

Para qué se crea y cómo se desintegra una nación. El caso de España

Una nación se forma mediante la incorporación histórica de muchas unidades sociales preexistentes en una nueva estructura. Tan esencial es para su mantenimiento la fuerza central como la fuerza de dispersión.

La potencia que verdaderamente “impulsa y nutre” el proceso de unificación es un proyecto, un dogma nacional, una visión de futuro que convenza a los distintos núcleos de dicha sociedad para trabajar todos juntos en pos de la consecución de un objetivo, de una meta vital. Las personas no viven juntas porque sí. Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. “No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo”. Las naciones se forman y viven de tener un programa para mañana.

La unión de España se hizo para extenderse, para lanzar su energía, para crear un Imperio. Mientras había objetivos que lograr, cosas por hacer, España tenía un sentido de ser y existir. No obstante, ha desaparecido el proyecto de nación que España tenía. “No se emprende nada nuevo (…) Toda la actividad que resta se emplea (…) en conservar el pasado”.

Lo único verdadera, sustantivamente, grande que ha hecho España ha sido la colonización española (que no la conquista) de América. Mientras que este proceso fue llevado a cabo por líderes en Inglaterra, en España fue una obra popular.

Según Ortega y Gasset,  “la historia de la decadencia de una nación es la historia de una vasta desintegración”.

El Poder público

La Monarquía y la Iglesia se empeñaron en convertir sus propios destinos en los destinos de la nación. Solo se preocuparon por mantenerse en el Poder y dejaron de emprender y de promover un proyecto de nación, pensando solo en sí mismos. El Poder público se dedica a destrozar la convivencia española, utilizando su poder casi exclusivamente para fines privados. “Desde hace mucho tiempo, mucho, siglos, pretende el Poder público que los españoles existamos no más que para que él se dé el gusto de existir”.

Síntomas de la desintegración de la nación española

Lo que sucede en España es que tenemos que aprender a “vivir como parte de un todo y no como todos aparte”. Así, los principales puntos de conflicto que señala Ortega son, por un lado, los nacionalismos y por otro, y mucho más importante que este primero, el imperio de las masas. La causa más importante de la desintegración de la nación es precisamente el carácter del pueblo español.

 

El nacionalismo

Considera los nacionalismos relevantes solo porque son una forma de particularismo, pero deshecha como superficiales los discursos políticos de los nacionalistas. Su único valor es simbólico, como expresión convencional y casi siempre incongruente de profundas emociones “inefables y oscuras, que operan en el subsuelo del alma colectiva”.

El imperio de las masas

Las clases sociales españolas son cerradas e intolerantes las unas con las otras. La ilusión intelectual de creer que las demás clases no existen como plenas realidades sociales o, cuando menos, que no merecen existir, es lo que ha llevado el país a esta situación de la que parece imposible salir.

Hemos llegado a un estado de insolidaridad tal que todos los grupos sociales consideran que las demás clases sociales no tienen derecho a existir por ser parasitarias, esto es, antisociales. Por ejemplo, dice Ortega que los obreros, son (se creen), no una parte de la sociedad, sino el verdadero todo social, el único que tiene derecho a una legítima existencia política. Así, dueños de la realidad pública, nadie puede ni debe impedirles que se apoderen directamente de lo que es suyo: el Poder público. Esto es a lo que se refiere el filósofo con la “acción directa”, mientras que la “acción indirecta” (o parlamentarismo) equivale a pactar con los usurpadores, es decir, con quienes no tienen legítima existencia social.

 

“No queremos luchar: queremos simplemente vencer”.

 

Las clases sociales tampoco quieren luchar, porque consideran que no tienen que hacerlo ya que ellos son el todo y no una parte de la nación. Les basta con proclamar (“con pronunciar”) la opinión de que se trata. En su creencia está que después, en todo el que no sea miserable o perverso, repercutirá la incontrastable verdad. Del mismo modo que los obreros, aquellos generales y coroneles creían que con dar ellos “el grito en un cuartel toda la anchura de España iba a resonar en ecos coincidentes”. Tampoco ellos iban, pues, a luchar, sino a tomar posesión del Poder público.

 

La rebelión de las masas

En España vivimos hoy entregados al imperio de las masas. El verdadero problema es la indocilidad y prepotencia de las masas. Esto se une a la ausencia de un proyecto de Estado y de los aristócratas (“los mejores”) dispuestos a llevar un plan a cabo, así como la incapacidad de las masas para seguirlos.

Según el autor de España invertebrada, debemos partir de un hecho fundamental para comprender el funcionamiento de una sociedad. Este hecho primario social es la organización en dirigidos y directores de un montón humano.

Para el pueblo español, la sospecha de que alguien pretenda entender de algo un poco más que él, le pone fuera de sí. Eso incluye a políticos, artistas o militares. Dice Ortega que este es un país donde la masa es incapaz de humildad, entusiasmo y adoración a lo superior. En lugar de elevar al bueno, al “mejor”, hay una especie de ensalzamiento del ruin, del bajo, del peor.

Otro de los problemas del pueblo español es que tergiversa estos conceptos de masa y minoría selecta, entendiendo por aquella el conjunto de las clases económicamente inferiores, la plebe, y por esta las clases más elevadas socialmente. Por supuesto, el criterio para distinguir qué individuos deben ejercer esas diferentes funciones no debe estar basado en la sangre, sino en las capacidades que muestren los individuos.

Debería ser el líder quien dirigiera, pero en España es el líder el que debe dejarse dirigir, y esto sucede en todas las facetas de la vida cotidiana española. El odio a los mejores, la escasez de estos es la razón verdadera del gran fiasco hispánico.

España se arrastra invertebrada, no ya en su política, sino, lo que es más hondo y significativo que la política, en la convivencia social misma.

Ortega y Gasset finaliza diciendo que el cambio solo es posible si se reforma, no ya la política, sino algo más profundo, que atiende al propio carácter de la raza hispánica. Esta mejora debe realizarse a través de la voluntad y del imperativo de selección de una élite.

El pecado de Kim Dotcom, el papito de Megaupload

El tema que en estos días nos arde a todos en la lengua es el cierre de Megaupload por parte del FBI. Se acusa a Kim Schmitz y a sus colaboradores de haber tomado parte en una conspiración criminal para lucrarse con la distribución ilegal de contenido protegido por las leyes de propiedad intelectual. Kim ‘Dotcom’, fundador de Megaupload Limited y Vestor Limited, junto con tres de los colaboradores, continúa en prisión preventiva. Esta operación se llevó a cabo un día después de que algunas páginas web protestaran contra la iniciativa de la ley SOPA de los Estados Unidos. El Departamento de Justicia y el FBI alegan que los administradores de Megaupload han hecho perder a la industria del entretenimiento 386 millones de dólares. En respuesta, el grupo Anonymous ha decidido hackear las páginas del FBI, del Departamento de Justicia estadounidense, la de Universal Music y las de las patronales discográfica y cinematográfica, entre otras. Así, el proyecto de ley SOPA ha sido retirado del Congreso. En España, cómo no, nos hemos tragado Sinde con papitas y guarnición de ensalada.

En las noticias (noticias que no veo, porque ya no enciendo la tele, pero con las que coincido de vez en cuando en el salón gracias a padres y abuelos), nos presentan a Kim Dotcom como un papi chulo mafioso y descarado. Lo vemos con gafas de sol tomando una copa en su jet privado, posando junto a sus deportivos, rodeado de mujeres hermosas pese a estar casado. Vive en una mansión en Nueva Zelanda. Se ha gastado una millonada para que le den la nacionalidad neozelandesa. Y se supone que uno debe abrir mucho los ojos, asombrarse y reprobar tales cosas negando vehementemente con la cabeza. ¡Sandeces, paparruchas y pamplinas! ¿En qué se diferencia Herr Schmitz de cualquier otro magnate? Claro que es millonario. Ha sido un pionero. Ha sabido cómo adaptarse a la nueva forma de consumir de los usuarios. El gran pecado de Kim Dotcom ha sido adelantarse a los distribuidores de entretenimiento, que se empeñan en perpetuar una forma obsoleta de hacer negocio y presionan a los gobiernos para que actúen en su beneficio.

Además, ¿tanto dinero ‘estiman’ que les han hecho perder? La gente no deja de ir al cine por poder descargarse la película. Ir al cine es un evento social. Apoquinas porque vas acompañado, por las butacas, por la enorme pantalla, por las roscas. En todo caso, la gente ve películas por las que no pagaría, lo cual es en realidad una gran ventaja. Da a las películas la oportunidad de desmentir la mala impresión que nos dieron en un primer momento. Quién sabe. Incluso podemos llegar a comprarla si nos gusta. Yo no pagaría ni por la mitad de las cosas que me descargo. Puedo bajarme gratis, para reírme un rato, “California Gurls”, pero ni muerta me compro un disco de Katy Perry. Por ejemplo, la mayoría de libros que decido comprar me los he leído con anterioridad, bien porque me los han prestado, los he sacado de la biblioteca o porque me los he descargado de la red.

Los distribuidores de ocio lo están haciendo mal. No voy a abonarme a Digital Plus para poder ver series que no emiten en la televisión pública, porque no me dan la opción de ver lo que quiero cuando quiero.  No voy a estar atenta cada martes a las 20.15 para disfrutar de un nuevo capítulo de Dos hombres y medio (¿alguien realmente ve esa serie, por cierto?). No voy a desesperarme porque justo el martes que echaban el capítulo final he tenido que ir al hospital porque me he cortado el dedo con un cuchillo, ni exclamaré: “¡Ahora tendré que esperarme a que repitan la temporada!” Es absurdo que me decante por batir a mano el merengue cuando tengo a mi alcance una Minipimer. Todo esto por no mencionar que también se da la circunstancia de que, cuando intentan adaptarse a mis necesidades como compradora, tampoco aciertan. Me refiero especialmente a las editoriales en España, que pretenden venderme al mismo precio el libro en formato papel que el libro en formato digital. Y así me veo ante el dilema moral de comprar el libro en papel o para e-book. En el primer caso, siento que estoy matando árboles y ocupando espacio innecesario en mi estantería. En el segundo caso, me siento completamente estafada.

En definitiva, Internet es el nuevo Viejo Oeste, la ciudad sin ley. No obstante, si la industria del entretenimiento entrara en razón y se renovase podríamos dejar de pegarnos tiros. No habría más sheriffs-gobiernos, bandoleros-piratas ni forajidos-Anonymous. Podríamos vivir felices y comer perdices.

Incluso si las perdices tuvieran derechos de autor.

La mujer pensada vs. la mujer pensante

El mundo estuvo pensado por hombres para hombres, desde más o menos la muerte de los dinosaurios en adelante. Nunca se ha podido demostrar que existiera un matriarcado en ninguna cultura del planeta Tierra (al menos de matriarcado entendido como dominio de las mujeres sobre los hombres). Hoy la situación de la mujer en este nuestro Occidente parece ser razonablemente más igualitaria.

¿Qué ha liberado a la mujer? ¿Las sufragistas del XIX, la II Guerra Mundial, los anticonceptivos? Quizás lo que hay que preguntarse es si la mujer está verdaderamente liberada o el feminismo es solo marketing. Pienso que es una dura tarea separarse completamente de la corriente de pensamiento machista que parte desde la Antigüedad hasta nuestros días. No debemos olvidar que esto de la igualdad es algo relativamente reciente. Echemos un vistazo a nuestros amigos los filósofos.

Ni Platón ni Aristóteles tenían una opinión favorable hacia el sexo femenino, pese a que el primero incluyese a las mujeres como posibles ‘guardianes’ en su sociedad de La República. Aristóteles, en su Política defiende que es la naturaleza la que hace a unos seres para obedecer y a otros para mandar, y que el hombre está en posesión de este derecho por su naturaleza, que es superior a la de la mujer (como a la del esclavo y los hijos). Se plantea si la mujer puede llegar a poseer otras virtudes que no sean “las del mérito que  nace de sus servicios puramente corporales”. La Edad Media no es mucho más alentadora. La Iglesia considera a la mujer fuente de todo pecado, impura por naturaleza. Enraizado en nuestra mente continúa el mito de Eva y la manzana. Por su su culpa también Adán fue expulsado del Paraíso y ella fue condenada a sufrir la menstruación y el embarazo. Es patológico: ni Pandora pudo resistirse a abrir la caja ni las mujeres de Barbazul a investigar más allá de la puerta prohibida. Según la institución eclesiástica, es la mujer la que conmueve la carne del hombre, quien lo impulsa a pecar y lo aleja de Dios. En estos términos se expresó el Papa Inocencio III (1161-1216), acerca de la menstruación en De Miseria Humanae Conditionis:

“Lo concebido se nutre de la ‘sangre menstrual’, que cesa en la mujer después de haber concebido para que lo concebido se nutra en la mujer. La cual, se dice, es tan detestable y sucia que a su contacto las mieses no germinan, los arbustos se secan, las hierbas mueren, los árboles pierden su fruto y los perros, si la prueban, enferman de rabia”. 

Y de esta otra forma el arzobispo de Toledo, Pla y Deniel, ahora en 1940:

“Los vestidos no deben ser tan cortos que no cubran la mayor parte de las piernas, no es tolerable que lleguen solo a la rodillaEs contra la modestia el escote, y los hay tan atrevidos que pudieran ser gravemente pecaminosos por la deshonesta intención que revelan o por el escándalo que producen. Es contra la modestia el llevar la manga corta de manera que no cubra el brazo al menos hasta el codo. Es contra la modestia no llevar medias”.

Personalidades como San Agustín o Santo Tomás de Aquino  se dedican a elaborar remixes de las ideas grecolatinas y cristianas. Entrando ya en la Modernidad,  se escriben obras tan sublimes como Instrucción de la mujer cristiana de  Juan Luis Vives (Valencia 1492-1540), o La perfecta casada, de Fray Luis de León.

Por supuesto, hay excepciones. Tomás Moro (1478-1535) se adelanta a la visión de su época en Utopía. A partir del siglo XVII existen obras más modernas, que se cuestionan la superioridad del hombre. Como ejemplo tenemos a Thomas Hobbes, que en Elementos de Ley y de Derecho cuestiona la desigualdad de hombres y mujeres como causa de la naturaleza, así como la autoridad patriarcal. Alega que esta se apoya en la concesión de poder que le ha hecho la mujer, mediante lo que él llama un pacto, que se da tanto en las familias como en el Estado. Expone tres modos mediante los que la mujer está sujeta al hombre: el ofrecimiento voluntario; la cautividad (sometimiento por parte del hombre); y el nacimiento (es decir, a través de los hijos). Los dos primeros son artificiales, la naturaleza no los crea, sino los individuos. La desigualdad en la humanidad es producto de la ley civil. Por tanto, en el estado de naturaleza, antes de realizar ningún convenio, hombres y mujeres son iguales (y, en este estado de naturaleza, el niño pertenece a la madre, entre otras cosas, porque solo ella puede decir quién es el padre). Da preeminencia a la madre sobre la progenie no por dar a luz al niño, sino por sustentarlo y cuidarlo. Hobbes argumenta que el imperio del sexo masculino no es una constante universal, porque no todas las sociedades se han organizado así y que este imperio no puede sustentarse en la mayor fuerza del hombre, ya que esta no es tanta.  No puede basarse en la fuerza la inferioridad de la mujer y, partiendo de que separa las cualidades de la humanidad en fuerza física, razón, experiencia y pasión, y que en las demás hombre y mujer no se diferencian (dice), se deduce fácilmente que son iguales.

Sin embargo, aunque todo esto es, como poco, curioso, no pretendo hacer un recorrido por todos los filósofos desde Grecia hasta nuestros días. Baste con darse cuenta de que las ideas machistas, que justifican la superioridad del hombre sobre la mujer y afianzan unos estereotipos acerca del “bello sexo” o del “sexo débil”, están ahí desde los inicios de nuestra civilización. Es por eso que me cuesta tanto creer que han desaparecido. Como mínimo admitamos que es difícil desprenderse de esa mujer pensada, ideada por una sociedad patriarcal desde la culta Atenas hasta la torturada Europa del siglo XX. Ahora que la mujer ha dejado de estar considerada un ser pensado y, en su lugar, ha adquirido la categoría de ser pensante, propongo a las mujeres del mundo occidental pensar qué estamos haciendo con esto del feminismo.

Actualmente, Occidente (la sonriente, la democrática, la políticamente correcta) vive bajo una especie de ‘dictadura de las minorías’. No nos alarmemos. Me refiero a que en general está mal vista la homofobia, el racismo, el machismo y otros ismos y fobias similares. A título personal, dudo que seamos todos tan buenos. Si de verdad somos iguales y coleguitas todos, ¿por qué siguen intentando venderme todo ese rollo de que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus? ¿Por qué el Happy Meal tiene una edición masculina y otra femenina? ¿Eh, McDonald’s, qué dices a eso, eh?

Me pregunto si son esos restos de machismo, esos estereotipos femeninos, los culpables de que nos presenten como feminismo Sexo en Nueva York o El diario de Bridget Jones. Si estar a favor de la igualdad significa sentirte identificada con estereotipos como estos, que me den de baja en el registro de mujeres. No es más que el lobo del machismo disfrazado con piel de cordero.

Pero el feminismo tampoco significa postular la superioridad de la mujer sobre el hombre. Lo siento. No creo que seamos ni más listas, ni más sensibles, ni más comunicativas ni, en definitiva, mejores.

El feminismo debería buscar la igualdad entre hombres y mujeres. El hombre ha sometido a la mujer, es cierto. No obstante, creo que es hora de que perdonemos a nuestros antepasados. No castiguemos a los nietos por los crímenes de los abuelos. Si somos justas, ellos no tienen la culpa. Tan machistas fuimos nosotras como ellos. Seamos un poco más pensantes y menos pensadas.

¡Ándese con cuidado! Intrnt y el mvl l welven analfabto!! :O

García Márquez, en aquel famoso discurso, tenía su parte de razón al dar a entender que la ortografía es un instrumento macabro para separar a los letrados de los iletrados, a los cultos de los incultos, esto es, a los privilegiados de los desafortunados, a los ricos de los pobres. En definitiva, la ortografía es una broma atroz de la élite económica e intelectual. Un muro. Una barrera. No voy a entrar en si esto debería ser así o no, en si la Asociación de Academias debería compadecerse o no de los hispanohablantes suprimiendo de una vez por todas las grafías ambiguas o sin correspondencia alguna con un fonema porque, bueno, pienso que la ‘ll’ es una letra súper guay y siempre me la imagino como unos siameses que no quieren separarse y la ‘h’, después de todo, nunca ha dicho nada para que nos volvamos en su contra. Simplemente quiero señalar que, como tantas otras cosas en la vida, tu forma de escribir te marca, es tu estrella de David. Nuestros mecanismos para juzgar a las personas son múltiples, variados y coloridos, y uno de ellos es la escritura. Si alguien escribe con faltas de ortografía (no digamos ya de coherencia o cohesión, que pueden ir o no acompañadas de las primeras) inmediatamente lo clasificamos como una persona inculta, poco leída, analfabeta o, en el mejor de los casos, descuidada.

De ahí proviene el terror acérrimo hacia los mensajes del móvil o sms y a la escritura a través de chat por Internet. Según padres, profesores, castellanos viejos y no sé qué otros oligarcas, la ‘escritura 2.0’ (sms, chat) hace que uno olvide por completo la ortografía y se vaya transformando lenta pero irremisiblemente en un analfabeto funcional. Nada más alejado de la realidad. Cuando me comunico a través de chat o sms, yo tb utilizo abreviaturas pq es + cómodo y acabo antes. Pero q aora scriba así no kiere decir q vaya a acer lo mismo si tengo q redactar un examen o mi currículum. Sé manejar los dos registros, de la misma manera que no escribo igual una carta dirigida a un amigo que al director del Banco Santander (a no ser que el director del Banco Santander fuese amigo mío, claro). Simplemente se trata de un registro diferente del habitual, con sus propias claves y señas. Escribir de esta manera no es lo que perjudica mi conocimiento de la ortografía. Lo que me lleva a desconocer las reglas de la escritura es no ir al colegio (o, a veces, ir al colegio), no leer, no practicar, que nadie me corrija al escribir una redacción en los centros oficiales de enseñanza que supuestamente deberían entrenarme para adquirir estas destrezas. Si en Internet se pone de manifiesto el desconocimiento ortográfico de muchos usuarios, es ya algo distinto. No es la causa, sino el medio que nos ha permitido darnos cuenta de que realmente hay mucha gente con problemas a la hora de ajustarse a las normas dictadas por nuestra limpia y esplendorosa Academia. Rebeldes ortotipográficos contra el Imperio.

Tanto a este respecto como en referencia a otros asuntos, deberíamos dejar de demonizar Internet y empezar a hacer más hincapié en sus beneficios. Al menos en Internet la gente lee y escribe, y mucho. ¿No es eso ya un avance?

Salud y larga vida a la RAE.

La homosexualidad en los superhéroes

Hoy, las minorías están de moda. No hay más que echarle un vistazo a Glee. El mundo del cómic no se ha quedado atrás a este respecto. Recordemos que el nuevo Spiderman ha resurgido como afroamericano/afrolatino (¿quién se inventa esas palabras?). En cristiano esto significa que ahora Spiderman es más negro que el carbón. Por supuesto, tal cosa ha sucedido en uno de los universos paralelos de Marvel, pero ya es algo. Aunque lo de integrar personajes que se circunscriban a una minoría está muy bien, quiero llamar la atención sobre la simplicidad de los caracteres. A veces, más que crear personajes, se afianzan estereotipos.

Me refiero sobre todo a productos concebidos para la fagocitación de las masas. Es decir, a esas series que conoces aunque no quieras, o a esos cómics que están en la estantería grande, en el centro de la tienda. Dejo a un lado esa película que te recomendó tu bohemio amigo el Boinas y el libro que encontraste medio deshecho en la librería de la rue cultivée. Creo que saben por dónde van los tiros. En concreto, he querido centrarme en los superhéroes homosexuales a raíz de mi tardío descubrimiento del personaje de Teen Titans, Bunker.

DC nos presenta a este joven que no solo se declara abiertamente gay, sino que además es mexicano. No pude evitar pensar que moriría pronto. Reitero que la introducción de personajes pertenecientes a minorías, y que por tanto pueden presentar conflictos distintos a los habituales, me parece algo estupendo e interesantísimo. Sin embargo, no dejo de pensar que a menudo se limitan a repetir unos estereotipos ‘políticamente correctos’. El resultado final es un personaje plano y sin substancia. Lo primero que me llama la atención de este personaje es cómo lo han vestido.

Me pregunto si existe alguna especie de “tienda para gays” que provea a todos los hombres homosexuales del mundo.

Aquí tenemos a Kurt Hummel, de Glee.

Stanford de Sexo en Nueva York.

Incluso Mitchell de Modern Family.

Creo que es inútil negar que existe un estereotipo gay. Hoy en día no resulta violento incluir a un personaje como Bunker en unos cómics de superhéroes, ¿pero se imaginan lo que sucedería si apareciera un personaje travesti o incluso un transexual? ¿Cómo sería un superhéroe basado en el protagonista de The Rocky Horror Picture Show? ¿O en una locaza de las de Almodóvar?  Seguramente, un fracaso de ventas.

Estamos preparados para que Batwoman se declare lesbiana y para que Coloso se enamore de Lobezno hasta cierto punto y en su justa medida. Lo único que deseo es que, ya que quieren incorporar a las tramas personajes homosexuales, lo hagan bien. Si hay heroínas lesbianas, que por favor no se trate simplemente de dos tías buenorras dándose el lote para inducir fantasías de tríos en el público masculino heterosexual. Si Coloso se enamora de Lobezno, que no sea un deshago cómico. Clamo por drama, maldita sea. Y si dos hombres se enamoran, al menos quiero ver algún besito. Supongo que todo se andará. De momento, podrían empezar por cambiarle el traje a Bunker.

Sea como sea, hay que tener muy en cuenta que Hulk no es gay. That’s all folks!

Niño, deja eso y ponte a hacer deberes

A nadie se le escapa que los niños, hoy, tienen al alcance un montón de cosas divertidísimas para pasar el rato, como los videojuegos, Internet y la televisión, con sus infinitos canales. Generalmente, esto a los padres les parece muy pero que muy mal. Sus hijos deberían ser más conscientes e invertir su tiempo en hacer los deberes y asistir a clases extraescolares, porque, ya se sabe, cada vez hay que tener un nivel más alto de educación (en realidad, lo correcto sería decir ‘más títulos’) si se quiere ser alguien en la vida.

Tengo la oportunidad de escuchar hablar a muchos padres acerca de sus hijos y de cómo les va en el colegio. Me asombra y me repugna casi en el mismo porcentaje. Están obsesionados con los logros académicos de sus hijos. Los meten en clases particulares, aunque no haga falta. Compiten por ver quién es el más listo, quién es el mejor de la clase en matemáticas, si Ricardito o Martita. Se pavonean si le dicen que su hijo es casi superdotado. Se hunden y se enfurecen si su hijo ‘tiene problemas de aprendizaje’.

Siendo este el panorama, es lógico que se enfaden cuando sus hijos no hacen los deberes. Es normal que les apaguen la tele, les escondan la consola. Está perdiendo el tiempo. Que se ponga a estudiar. Y cuando termine con la tarea, que siga estudiando para el día del examen, para la evaluación final, para la PAU, para sacarse la carrera. ¡Que estudie hasta la muerte! No importa que estudiar sea aburrido, que el sistema educativo sea una basura, que la mayoría de los profesores no sepan enseñar. Lidia con todo eso, niño. Combate el aburrimiento mortal con el que te atizan durante ocho horas en el colegio, el instituto, la universidad.

De pequeña me gustaba más dibujar brujas que hacer los deberes, entre otras cosas.

Por supuesto, hay algunos padres más compasivos. Por Navidad regalan a sus hijos puzles y “juegos educativos”, para que el niño aprenda jugando en dichoso solaz. ¿Qué han hecho los pobres niños para merecer un ‘juego educativo’? Póngale carbón, señor padre, será más feliz, por lo menos podrá tirárselo a alguien a la cabeza. Los juegos didácticos son un engaño y el niño se da cuenta. Se trata de juegos que no son para jugar. En cuanto se percata de que la finalidad del juego no es el juego en sí mismo, sino aprender, el juego deja de ser un juego y se convierte en un embuste. Se pierde el interés por él. Es lo mismo por lo que la literatura didáctica del siglo XVIII me parece un bodrio. Deberíamos abandonar nuestra manía por el utilitarismo y adoptar una postura, parafraseando a Gautier, de juego por el juego.

No hay que preocuparse tanto porque los niños aprendan. Ya lo hacen, todo el tiempo. El problema es que quizás no están aprendiendo lo que el sistema considera que deben aprender, es decir, los conocimientos académicos que las instituciones públicas requieren y consideran necesarios. Sin embargo, ahí está la clave. El problema no es de los estudiantes, es de las escuelas, de la educación pública. Me indigna no solo porque no arreglen la situación, sino porque además hacen que los niños se sientan frustrados, estresados y culpables, porque están continuamente repitiéndoles que el problema lo tienen ellos, porque son tontos, indisciplinados y no valen para nada.

Eso es lo que realmente me molesta. Dejemos de engañarnos y de hacer sufrir a los estudiantes sin necesidad. Tener una carrera ni los vuelve más inteligentes ni les va a dar trabajo. Querido padre, sé que te preocupas, pero deja de meter a tu hijo en actividades extra-escolares. Lleve usted a su hijo al parque si le gusta el parque. Llévelo al cine si le gusta ir al cine. Se lo agradecerá. Una cosa es que el niño aprenda a tener responsabilidades. Eso está bien. Otra muy distinta es que lo agobie usted, sabiendo el sinsentido que supone hoy en día la educación tal como está concebida. Solo conseguirá dos cosas:

1)      Que su hijo odie estudiar.

2)      Que su hijo le odie a usted.

Por lo menos piense en ello.

Hablemos sobre ponis

Querido amigo brony,

Sé que alcanzas la treintena y que a veces el trabajo y las responsabilidades te agobian. Seguramente consideras tu nivel de masculinidad bastante aceptable. Supongo que te han dicho que los hombres no lloran, no llevan bolso y no se pintan las uñas. Cuando superaste la adolescencia y te convertiste en un “hombre” fuiste consciente de que a partir de entonces se acabaron los juegos, de que no podrías hacer cosas de niño nunca más: ni jugar, ni brincar, ni gritar, ni ver dibujos animados, ni comprar juguetes. Las mujeres pueden ser aniñadas, comportarse como si tuvieran diez años en lugar de treinta, seamos sinceros. Algunos lo encuentran sexy. Pero tú no puedes actuar así, porque eres un hombre, y los hombres no hacen esas cosas. Pensarían que eres ‘afeminado’ o un idiota. Sabes perfectamente cómo va a juzgarte la sociedad cuando descubran que dedicas tu tiempo libre a ver una serie animada llamada Mi pequeño pony.

Mi avatar pony

La palabra “brony” proviene de “bro” (en inglés hermano, colega, de “brother”) y “pony”. Se utiliza para referirse a hombres, de entre veinte y treinta y tantos años, que son adictos a la serie Mi pequeño pony, la magia de la amistad. Este show está dirigido a un público infantil. Concretamente, a niñas (es más apropiado que los niños se entretengan con Ben Ten y otras series más ‘varoniles’). La responsable de las mágicas aventuras de estos adorables ponies es Lauren Faust. Esta mujer de 36 años ha trabajado elaborando los storyboards de Las Supernenas, que cosechó asimismo un gran éxito entre el público adulto. Confiesa que se vio influenciada por Las Supernenas para reenfocar Mi pequeño pony y que quiso crear un espectáculo que también pudiesen disfrutar los adultos. Y lo ha conseguido. La red está repleta de fanarts, fanfics, cómics y material sobre los protagonistas de la serie, como Twilight Sparkle, Fluttershy o Rainbow Dash. Existe una página web, Equestria Daily, repleta de noticias y descargas para los fans.

Los bronies son auténticos fanáticos. No solamente siguen la serie con fruición, sino que adquieren merchandising, se disfrazan de los protagonistas de la serie, e incluso los hay que se tatúan su propia “cutiemark” (una marca que muestran los ponies en su flanco y que representa aquello que los define). Recientemente, una chica ha cambiado su nombre por el de un personaje de la serie. Sin embargo, Internet también está atestado de vídeos y comentarios ofensivos hacia aquellos hombres aficionados a My Little pony. Los tachan de frikis patéticos, infantiles y hasta de gays (no sé por qué a los gays habrían de gustarles más los ponies que al resto de la población, pero así lo creen muchos). Por mi parte, me parece  que un hombre capaz de admitir que ve una ‘serie para niñas’ es un hombre seguro de sí mismo. Me resulta admirable que un hombre adulto, en lugar de ver series de detectives o asesinatos para pasar el rato (que es lo que hacemos la mayoría, no hay más que echar un vistazo a la programación), se relaje con las aventuras de cinco carismáticos y divertidos ponies. Tal como yo lo veo, hay que atusarse la crin con orgullo.

Saludos, everypony, y hasta otra.