Caligrama del cadáver exquisito

Este es un caligrama que prometí hacer para el Laboratorio Creativo Anroart, basándome en un ejercicio de cadáver exquisito que realizamos en clase.


A continuación (y con el permiso de mis compañeros) copio el texto bizarro que improvisamos:

Cuando lo empitonó con aquellos cuernos de espuma

sintió en el vientre la caricia de mil cucarachas

que recorrían su piel provocándole escalofríos

y le salían por la lengua como hormigas electrificadas

ciegas, sordas, de una tristeza majestuosa, de la que duele

de esa misma que te para el corazón cuando la ves

de la que tantas veces me hiciste beber

mientras llovía yeso, lirios, dedos, en tu camisa, donde crece pelo

cada gota con un color distinto según el tono de la flor

arranqué una para regalártela; se marchitó en mi bolsillo

sin darme tiempo a dártela y con ella

pude reducir a cenizas tu arrugado corazón

o llenarlo de piojos infames pero bondadosos

negros, chupones, saltarines pero compañeros

feos, chupócteros, aprovechados y fieles

congregados al humor de la cerda escuálida que los esclaviza

haciéndolos felices fósiles en el cisco de los mamotretos.

Certamen 20 poemas al mar: “Amarino”

Este poema ha sido seleccionado para componer un cuaderno titulado Veinte poemas al mar. La convocatoria se inscribe dentro del marco del II Festival Atlántico de Poesía, organizado por diversas entidades (Centro Canario Estudios Caribeños, NACE y el Área Cultural Diego Casimiro). Los poemas seleccionados serán leídos por sus autores el 20 de septiembre en el Ateneo Ciudad Galdós en Las Palmas de G.C. Si quieres saber más, el II Festival Atlántico de Poesía también está en facebook.

Amarino

Un rumor ronco de lava y roca

me borbotea en las entrañas

al pensar

en las escamas frías de tus manos,

en la telaraña de tus besos,

en tus perdidos ojos de pez.

Deberías verme ahora,

con qué gracia me espumea el cabello,

mi elegancia de alga,

mis senos coralinos.

Puedes guardarte tu lengua de caracola.

No quiero más noches viscosas

sobre mi lecho de olas rugientes.

No quiero más sal en mi boca

ni el tentáculo de tus abrazos.

Ya no soportaba

aquel silencio de erizo.

Olvidaré

como olvidan las samas.

Y tú

en lugar de huesos blancos

tendrás esta blanca espuma

para recordarme.

La verdad de la afrenta de Corpes

Este es un microrrelato que quedó entre los finalistas para salir en el libro El Cid Campeador: Microcantar de Mío Cid editado por la asociación Ego Ruderico. Se titula “La verdad de la afrenta de Corpes”.

Lo dejo por aquí.

Colada y Tizona nunca supieron si eran espadas con espíritu de mujer, o mujeres con espíritu de espada. Ante Rodrigo Díaz de Vivar simulaban luchar contra los moros, cuando lo que buscaban en cada batalla era entrechocar sus cuerpos y demostrar quién era la mejor, destruir a su rival y ganar el amor incondicional del Campeador. Lo único que ansiaban más era el cuello de Doña Jimena. Previendo las intenciones homicidas hacia su mujer, las regaló a los infantes de Carrión. Se dice que fueron ellas quienes los indujeron a cometer traición para volver a los ardorosos brazos del Cid.

Art+Food: Glutómata

Este es un microcuento que recité en el evento organizado por la editorial Puente Palo, “Art+Food”, celebrado en noviembre de 2011. Artistas plásticos y escritores se unieron para beneficiar a la ONG Burkinasara Canarias (http://www.burkinasaracanarias.org/), que lucha contra el hambre. Conseguí colarme entre los escritores, como quien no quiere la cosa, y ahí va mi pequeña aportación.

Alfonso era un hombre excepcional. Se autodefinía como un técnico del comer, un artista del deglutir, un maestro en la ingestión y la digestión. Era, en definitiva, un glutómata. Procedía de un excelso linaje de devoradores. Uno de sus antepasados, que vivió en el siglo XVII, se zampó a todos los dodos, aunque este era un secreto que solo los de su familia conocían.

Cuando era un bebé se conformaba con manjares comunes: papas fritas, chocolate, refrescos, hamburguesas, pizzas industriales. La falta de dientes no le impedía saciar su apetito insondable y egoísta.

Cuando se hizo un hombre adulto y se estableció, empezó a tener unos gustos más exquisitos. Comía linces, pingüinos, urogallos, focas, osos panda. En un mes quintuplicó su masa. Pero no era suficiente. Su hambre debía alcanzar una nueva perspectiva, una mayor profundidad. Debía ser un hambre emocional, filosófica, política y social. Primero engulló a su perro. Luego, a su esposa. Hizo desaparecer todas las radios del mundo y las máquinas de escribir.  Devoró varios idiomas, un par de naciones, un centenar de etnias. Absorbió todo el continente africano sin que a nadie pareciera importarle mucho. Mientras tanto fue expandiéndose hasta que finalmente implosionó y se convirtió en un agujero negro.

Obviamente, esto sucedió en un universo paralelo en el que la indiferencia permitía pasar hambre a unos muchos y comer mucho a unos pocos. Nosotros, de momento, no hemos sido tragados.

(Sí, esta boca tan fea la hice yo).