¡Reto!: tautograma extremo

Un tautograma es un poema o verso formado por palabras que empiezan por la misma letra. Citaré el siguiente ejemplo, recogido por Roberto Vilches Acuña:

Pedro Pérez Pellicer, peluquero-perfumista:

Preciocísimas pollas, pretenciosas pavas, poderosos príncipes, pacíficos prebisteros, pudientes propietarios, prosaicos prestamistas, pobres poetas…
¿Pretendéis peinaros piramidalmente, poniéndoos pelos postizos, para pasear pareja…? ¿Pensáis perfumaros perfectamente por preciosos procedimientos parisienses? ¿Pretendéis poneros pronto pulcras pelucas perfeccionadas primorosamente? ¿Pensáis pintaros patillas para parecer pistonudos personajes?
Pues, perínclitos parroquianos, para proporcionar peinados postizos, perfumes, pelucas, peinetas, patillas por poco precio, preguntad, preferentemente, por Pedro Pérez Pellicer, peluquero-perfumista.

 

Quiero que me reten a escribir tautogramas para la semana que viene. Escribiré tantos como letras me propongan (¡si me proponen la W puede que me suicide por una razón completamente diferente!). Atrevo la palabra y espero no arrepentirme. Espero sus propuestas. No sean demasiado malos.

Caligrafía para dinosaurios

Últimamente me he puesto a dibujar un poco y, entre otras cosas, a veces me da por crear portadas imaginarias. Destaco especialmente esta que comparto con ustedes, “Caligrafía para dinosaurios”. He fantaseado sobre realizar un libro ilustrado de microcuentos utilizando cada letra del abecedario para escoger un dinosaurio y escribir un microcuento sobre él. Obviamente, en tono absurdo y divertido (¡ay, si una no se divirtiera escribiendo…!). Hasta he pensado que sería un buen proyecto colaborativo entre escritores. Por supuesto, yo me pediría el tiranosaurio.

Caligrafía para dinosaurios

El hombre silla (o el sillombre)

Cada noche de luna llena, Roberto se transformaba en una elegante y comodísima silla. Al principio no comprendía por qué le sucedía esto. Es decir, convertirse en un mueble resultaba lógico, puesto que se dedicaba a la decoración de interiores, su verdadera vocación y única amante. Si hubiera sido aficionado a los perros, podría haberse metamorfoseado en un labrador o en un escarabajo si encontrase algún interés en la entomología. Lo que no entendía era por qué, de entre todos los muebles, se convertía precisamente en una silla. Él siempre tuvo de sí mismo una concepción más intelectual. Podría haber sido una excelente estantería. También era trabajador y organizativo. Un secreter le hubiera venido a la perfección. En sus momentos de mayor soledad incluso podría haber sido un buen mueble bar.

Con el tiempo, decidió sacar provecho a su situación. Se coló en el apartamento de su exuberante vecina y esperó a que los rayos de luna lo transformasen. Ella solía pasar las madrugadas escribiendo frente al ordenador. Y así, cuando las nalgas firmes y tersas de Marta se hundieron contra su superficie, Roberto lo comprendió todo. 

Fragmentos de literatura a través del traductor de Google

¿Alguna vez se han preguntado cómo se divierte un escritor? Yo tampoco, pero he aquí un divertimento lingüístico con el que me he entretenido últimamente. Se trata de escoger fragmentos de literatura escrita en español y hacerlos pasar por el filtro del infame traductor de Google. En este caso, he pasado del español al alemán, luego al polaco (qué graciosa soy con las transiciones), al vietnamita, al finlandés y finalmente de vuelta al español. Estos han sido los resultados. Me he divertido tanto que quiero compartirlo con ustedes y los animo a realizar el mismo experimento y a compartirlo, si lo desean, en los comentarios. Qué le voy a hacer, soy un bicho raro.

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Cervantes

Fragmento original

“En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.

Versión del Traductor de Google

“El lugar de la Mancha, de cuyo nombre no recuerdo, no hace mucho tiempo, vivía en el comercio de escudo preciosa y antigua, rocín flaco y los perros para correr”.

 

La vida es sueño, Calderón de la Barca

Fragmento original

“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son”.

Versión del Traductor de Google

“¿Qué es la vida? Ruido.
¿Qué es la vida? Espejismo,
bola, novelas,
y lo más preferiblemente menos;
que toda la vida es un sueño,
y los sueños”.

 

Amor constante más allá de la muerte, Quevedo

Fragmento original

“Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera,
mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
médulas, que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado,
serán ceniza, mas tendrá sentido,
polvo serán, mas polvo enamorado”.

Versión del Traductor de Google

“Puedo cerrar los ojos Postrer
Fecha de una bola blanca toma
y puede proporcionar el alma de este
Anhelo Tiempo suspira,
pero no forma parte de esotra del banco
Deja el recuerdo quemado:
Nadar agua fría sabe mi nombre
y perdido en serio el respeto de la ley.
Alma, todo el asunto prisión es Dios,
Core, como un fuego humor
Wire, que es un maravilloso ahumado,
Su cuerpo no se mueve,
Ash, pero son muy útiles
El polvo, sino en el amor”.

 

Don Juan Tenorio, José Zorrilla

Fragmento original

“¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga, llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?”

Versión del Traductor de Google

“¡Ah! Esto no es verdad, el ángel del amor,
En esta playa lejana
la luna brilla clara
y respirar mejor?
Este arado vaga, que se llena
olor simple
flor Rural
Welling, agradable en la playa;
agua limpia y tranquila
Conducir sin miedo
barcos de pesca
Espere aniversario
¿No es verdad, mi paloma,
encanta respirar?”

 

El dinosaurio, Augusto Monterroso

Fragmento original

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Versión del Traductor de Google

“Cuando se despertó, el dinosaurio era un todavía por ahí”.

 

El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez

Fragmento original

Tiene fiebre en los cañones, no sirve. Nunca volvimos a oírle aquella frase hasta después del ciclón cuando proclamó una nueva amnistía para los presos y autorizó el regreso de todos los desterrados salvo los hombres de letras, por supuesto, esos nunca, dijo, tienen fiebre en los cañones como los gallos finos cuando están emplumando de modo que no sirven para nada sino cuando sirven para algo, dijo, son peores que los políticos, peores que los curas, imagínese, pero que vengan los demás, sin distinción de color para que la reconstrucción de la patria sea una empresa de todos”.

Versión del Traductor de Google

Fiebre en el cañón, no es bueno. Nunca volvió hacia un lado hasta después de la tormenta, que se anunció una nueva amnistía para los presos y permitir el regreso de todos los refugiados a escuchar con la excepción de las cartas, por supuesto, nunca me dijo que tengo fiebre, cuando el pelo está peleando gallos en el cañón como irrelevante, pero si se utiliza algo, me dice: , es el peor político que, peor que los sacerdotes se imaginan, sino para los demás, no depende del color de la reconstrucción, y es propiedad de todos”.

 

Rayuela, Julio Cortázar

Fragmento original

“A Oliveira le gustaba hacer el amor con la Maga porque nada podía ser más importante para ella y al mismo tiempo, de una manera difícilmente comprensible, estaba como por debajo de su placer, se alcanzaba en él un momento y por eso se adhería desesperadamente y lo prolongaba, era como un despertar y conocer su verdadero nombre, y después recaía en una zona siempre un poco crepuscular que encantaba a Oliveira temeroso de perfecciones, pero la Maga sufría de verdad cuando regresaba a sus recuerdos y a todo lo que oscuramente necesitaba pensar y no podía pensar, entonces había que besarla profundamente, incitarla a nuevos juegos, y la otra, la reconciliada, crecía debajo de él y lo arrebataba, se daba entonces como una bestia frenética, los ojos perdidos y las manos torcidas hacia adentro, mítica y atroz como una estatua rodando por una montaña, arrancando el tiempo con las uñas, entre hipos y un ronquido quejumbroso que duraba interminablemente”.

Versión del Traductor de Google

“Oliveira quiere tener relaciones sexuales con un mago, porque nada puede ser más importante para él, y, al mismo tiempo, difícil de entender, y para seguir a su placer que uno, y lograr un abrazo más y sacar, fue como despertar y conocer su verdadero nombre, y luego dividir el área gris es siempre un poco de miedo que el fin Charmed Oliveira, pero la verdadera magia durarán, cuando regresó a los recuerdos y todo lo que necesita para pensar y tan oscuro que no podía en ese momento tener un profundo beso a promocionar su nuevo juego, y el segundo, que desarrolló en la reconciliación y tirarme, se näyttääraivoava bestia, perdió su ojo y se torció la mano dentro, mitología y terrible, como una estatua caída en la parte superior de las costillas uñas bonitas, entre hipos y gemidos eco dura para siempre”.

No me dejes

No me dejes.

No puedo vivir

sin el roce

de tus caricias porosas.

Sin tu aleteo frágil.

Sin tu perfume

de bosque caído,

de estantería sucia,

de termita.

Qué haré.

Cuando me abandonen

tus palabras,

tu aliento de tinta.

Qué letanías

rellenarán mis noches.

No sabré

qué soñar.

Sin ti

solo me queda

un eco blanco

en el cráneo.

No me dejes.

No puedo vivir

sin el roce

de tus caricias porosas.

Sin tu aleteo frágil.

Sin tu perfume

de bosque caído,

de estantería sucia,

de termita.

Qué haré.

Cuando me abandonen

tus palabras,

tu aliento de tinta.

Qué letanías

rellenarán mis noches.

No sabré

qué soñar.

Sin ti

solo me queda

un eco blanco

en el cráneo.

No me dejes…

Dorotea y Teodora

Dorotea y Teodora eran perfectas en su exacta simetría. Ni siquiera el médico pudo decir cuál de las dos fue la primera en nacer. Cuentan que ambas sacaron un pie justo al mismo tiempo. Sus propios padres no eran capaces de diferenciarlas, de manera que siempre se referían a las dos a la vez.

Tal era la similitud que comenzaron a desarrollar una especie de conciencia compartida. No tenían claro cuál de las dos era cada una. A los quince tuvieron un novio llamado Miguel, pero nunca les quedó claro si había sido novio de las dos o solo de una de ellas. Miguel nunca las sacó de dudas. En ocasiones eran presas de un terror irracional a tocarse, por temor a unirse en un único cuerpo siamés. Las inquietaba la forma en que sus movimientos parecían acompasarse. Llegaron a plantearse la hipótesis de que una de las dos hubiera salido del espejo. Era insoportable.

Así pues, como era de esperar, pensaron que lo mejor era asesinar a la otra. Esta idea las asaltó la misma noche. Fue un penoso y largo forcejeo. Finalmente, una de ellas salió victoriosa, libre para ser quien era. Por desgracia, nunca supo si ella era Dorotea o Teodora, de modo que vivió infeliz el resto de sus días, sintiéndose incompleta.  

Sin mensaje

Siete abejas rojas

tras la muerte del Rey;

durante la noche del vino

el llanto de un ciervo;

el brillo polvoriento de la luna

dentro de mi copa.

Doce veces sostuve en mis brazos

los hijos muertos de Teresa.

Me creció una gota de sangre en la frente

y los vates salieron desnudos

bajo el sol ciego del calendario juliano.

Los Guardianes cerraron las puertas

como si fueran pergaminos

y yo quedé al alba

sobre mi asiento de bronce,

esperando.

Palabras de hombre muerto en “El mollete literario”

En la edición de enero de 2014 de la publicación mexicana El mollete literario, en la sección “Terapia de grupo” dirigida por Freddy Secudino aparece mi microcuento “Palabras de hombre muerto”, que les presento a continuación. Pueden descargarse el número de la revista pinchando a continuación en El mollete literario.

Palabras de hombre muerto

A Marta ya le habían dicho que el vecino de arriba era raro. Tenía miedo a la muerte. A una muerte lenta, silenciosa, anónima. Vivía solo desde hacía mucho. No recibía visitas. Temía morir y que nadie encontrase su cadáver. Por eso cada día, en intervalos de unos treinta minutos, su vecino dejaba caer un pedazo de papel en el que escribía, con caligrafía de caléndula, una palabra. A Marta, al principio, la enternecía esta costumbre. Le hacía gracia. Pronto se percató de que jamás repetía una palabra. Así, caían elefantes, engranajes, café, caballeros, granadas, amor, polvo, él, magdalena, rata, moco, filantropía, licenciados, suave, primoroso, sastre, gata, enano, chinos, oraciones. Marta vivía sumida en un torrente de celulosa, en una desesperada lluvia de palabrería. Obviamente, resultaba molesto tener que barrer cada día los nazis y los musulmanes, los ahogados y las cerezas, los pájaros y los océanos y las diecisiete variedades de arbustos, las doce tribus de Israel todas esparcidas y arrugadas en su patio. Una vez encontró un petirrojo bajo su almohada y otra un dedo en la sopa. Del cabello se había sacudido galimatías, laberintos y lagartos. Empezaba a estar harta.

Entonces percibió algo, un oscuro retorcerse en la caligrafía de su vecino, que ya no era de caléndula, sino de enredadera. Había notado, también, cierta alteración en la temática. Ahora no paraba de recoger del patio huesos, cavernas, nudos. Con su letra de musgo, sus trazos mohosos, comenzó a escribir sangre, hígado, podrido, agujero. La frecuencia comenzó a disminuir. Los papelitos caían cada hora, cada atardecer, cada semana. Marta recordará siempre la última palabra que recogió. “Gracias”.

 

Helena

Helena,

después de hacer el amor

suave,

detenida,

minuciosamente,

después de dejarse entrar,

de dejarse apretar la carne blanda,

apoyaba,

cuidadosa,

la cabeza del amante

sobre sus pechos tibios.

Poco a poco

introducía un pezón

en la boca del hombre que,

instintivamente,

lo chupaba

y succionaba la leche

caliente y amarga

de sus senos.

Helena alimentaba así a sus amantes

hasta que se quedaba vacía.

Sabía que cuando uno de ellos regresaba

no era por nostalgia de su piel

o de sus piernas,

ni por ausencia de sus palabras dulces.

Era por la leche,

caliente y amarga,

que brotaba de sus pechos.